miércoles, 02 de julio de 2008
La evolución de Darwin
Ana Isabel Espinosa   
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Seguramente siempre soñó con vivir como un magnate del petróleo ,o de tener todo lo que quisiera sin dar un palo al agua ,pero para un funcionario de prisiones británico no debe de ser nada fácil, máxime cuando es mayor el gasto que los exiguos ingresos.

Ese sería el problema de John Darwin, que su economía no estaba de cuerdo con su ritmo de vida,  y un día,  harto de desmanes económicos y de que la vida no le presentara más que acreedores que llamaban a su puerta a horas intempestivas, decidió morirse.

Tomó un kayak y un par de remos y se deshizo de todo, dejando atrás primero un remo, después otro y por último la piragua. Se esforzó por borrar su pasado ,  palada a palada  y junto a la vida ,que había derrochado, malviviéndola, dejó atrás, sin pena ni melancolía, las deudas y los acreedores, el levantarse temprano y el tener que ir a trabajar, separándose, con risas calladas y sonrisa picarona, del ritmo frenético de no poder ser quien en realidad eres y el obedecer a quien, tienen un escalafón jerárquicamente superior al tuyo, por designio funcionarial.

John a cada remada de agua ,de esa gris costa de Seaton Crew de donde sale, para no volver en vida, cree que el corazón se le va a escapar de la loca carrera que lleva, piensa que le oirán o sabrán lo que va a hacer, e incluso mira a través de la bruma, si alguien puede escuchar el curso de sus pensamientos.

Pero nadie sabe nada, y cuando Darwin desaparece, solo su mujer lo extraña y lo llora .Nadie volverá a saber de él. Su mujer se verá obligada a decírselo a sus hijos y, tras larguísimos meses de espera ,  que a pedir su declaración oficial de muerto. También tomará la dolorosa obligación de cobrar el seguro de vida de su marido. No puede quitarle el dolor de la perdida la cuantiosa suma ,ni que con ella pague todas las deudas e invierta incluso en Panamá ,con el dinero obtenido de vender la casa familiar con todos los enseres.

Pero un día, tras mas de seis años de aquella salida en Kayak, John  vuelve, presentándose en una comisaría de Londres ,donde no dan crédito a la historia que cuenta sobre una posible amnesia que le imposibilitó para regresar a su hogar. Será entonces cuando desaparecerá su mujer, pero no en piragua ,  sino en avión rumbo a las costosas inversiones en Sudamérica, producto de la rapiña del piso y el seguro.

Pronto los medios se harán eco de la jugada y serán descubiertos los timadores ,porque con la publicidad y la información presentes en nuestros días, pronto los internáutas aportarán datos de la unión de los cónyuges en Panamá y también en una anexo de su propio domicilio, donde prácticamente siguieron viviendo juntos ,hasta la resurrección mediática de Darwin.

¿Cuántas veces todos nosotros no hemos soñado ,no ya por deudas, ni infortunios, sino solo por volar a otra parte, dejar nuestro pasado atrás, tomando un kayak y perdiendo los remos en el camino?

Es muy difícil no evolucionar hacia la cobardía de salir huyendo de la batalla que te impone la vida, es casi imposible ser torero de temple y enfrentarte con el toro del trabajo, de las hipoteca, de los gastos, de la familia, de los amigos que te joroban, de los vecinos que te fastidían o de una vida que no elegiste así de ninguna de las maneras, pero que se ha ido haciendo poco a poco cada mañana y  cada noche de tu existencia, llevándote a un camino del que ya no puedes ,pero sí quieres regresar.

Es difícil asumir lo errores y enmendarlos, es casi imposible querer fracasar y levantarte cada mañana intentando imponer la voluntad y el esfuerzo al desaliento y el fracaso ,es un reto, a veces demasiado grande, para simples mortales, que la mayoría de las veces no sabemos ni cómo encontrar la felicidad.


Tags: darwin, escapistas, abandonos, caraduras

Publicado por anaespinosa123 @ 20:46
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