| Ana Isabel Espinosa |
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| Malos tiempos corren para la iglesia oficial, con el enfrentamiento electoral con el gobierno, desgastando a sus fieles ,que se debaten entre sus creencias y sus ideas políticas , con el intercambio de acusaciones y con su cúpula metida en asuntos que son "muy de este mundo". Y es que los tiempos han cambiado y hasta la Inquisición, ha tenido cambiar de nombre y formas. Y es que seguro que sabrán, que, por cortesía de dos Papas perseguidos en su juventud por ella misma, Juan XXIII y Pablo VI , la excluyeron de la iglesia, pensando en que no volvería a ver la luz jamás ,ausentes ya los fantasmas de las brujas y los poseídos, los descreídos y las fieras que domar con la espada de la religión que se presume verdadera y el perdón del que confiesa culpas por miedo o dolor. Pero mire usted que no la extinguieron por completo, porque como ave fénix de la intolerancia humana, el Papa Raztinguer la vuelve a poner en marcha con nombre y caras distintas ,llamándola la Congregación para la doctrina de la fe y encargándole asuntos a investigar como el de la nueva doctrina arriana que dice que Jesús era hijo de hombre y mujer y no de Dios. Y es que en todas partes cuecen habas, porque sino díganme amigos míos, como se llama a que te salga ahora un discípulo de Setién, con una preparación teológica y cultural máxima y escriba un libro sobre Jesús, como Raztinguer qué casualidad, pero que se está vendiendo como rosquillas, sin publicidad, sin tener una editorial súper famosa, y mas o menos de boca en boca, cuando predica irreverencia tan suprema como que Jesús era un humano más, grande y poderoso en extremo, de unas facultades impresionantes, pero vamos como usted o como yo. Y si no fuera poco el asunto, que se las trae, el nuevo superior de los jesuitas nos ha salido rojillo y rebelde como el antiguo Papa negro que tantos dolores de cabezas levantó con su mandato. Pues bien este último, Adolfo Nicolás, para mas señas, dice trabajar para los pobres, los excluidos y los marginados, a los que promete entregar sus fuerzas y sus energías, como ha venido haciendo hasta ahora. Y es que malos tiempo corren para la iglesia oficial, porque en el fondo de todo están los que creen en un Jesús amable y humano, en la humanidad de los marginados y excluidos de la sociedad, en el sacrificio y la entrega a los seres humanos y no a la política y las grandes mansiones, que Jesús tiene rostro de desheredado y que no vive en las grandes catedrales, donde solo duerme el oro y la banalidad, mientras a sus puertas pide el pobre y reniega el que aún tiene un ápice de fé. |
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