viernes, 04 de julio de 2008

Muerte de un ciclista-ana isabel espinosa garcía

 

-¿Y cómo cree usted que empezó todo? -me pregunta , elevando su montura de oro por encima del tabique nasal

Le miro , la bata blanca ,impoluta, los zapatos, tan brillantes ,que parecen de charol y sobre todo ,los ojos, esos fríos ojos que me dicen -sin palabras- que nunca me creerá, por mucho que lo intente ,  y que , a pesar de todo ello, o tal vez por todo ello  ,precisamente, terminaré por contarle mi historia...

-Dice usted que eran el uno, el cuatro, el ocho y el dos, con la “a” mayúscula antepuesta-se reafirma, apuntándolo en una libreta, a pesar de tenerlo todo gravado y bien gravado.

-Así es- le confirmo, pues deduzco que para él debe tener importancia la cosa, no para mi, que hace mucho que dejo de importarme ya todo.

-¿Le dicen algo esos números y esa letra?- me examina

-Al principio pensé que podía tratarse de una matricula y me obsesioné con encontrar el coche, pero fue en vano, si existe, no conseguí dar con él

-Y bien...-me insta para que siga con el relato

Me relajo en el sofá, estiro el cuerpo todo lo que puedo y tenso los músculos de la mandíbula para impulsarme ese valor que hace tanto que perdí.

No se oye nada, ni el más leve sonido, como si el tiempo y el espacio hubieran sido suspendidos, apartados por la moqueta neutral y el acolchamiento de la pared y me decido a partir el silencio...

-Estaba durmiendo, creo que profundamente. Tenía una pesadilla, pero de esas que luego no podemos recordar con nitidez, pero algo sí , algo que fíjese los años que hará y aún tengo que tragar saliva para  poder contarlo,  que corría, estaba angustiado y corría...

-¿Con su bicicleta? -me interrumpe. Porque usted era ciclista, ¿No?

Asiento ,  sin querer contarle mis victorias  , ni el esfuerzo que me costaron, los años de dedicación absoluta ,los sacrificios, para luego llegar a lo máximo, envidiado y admirado...

-¿Hacía donde corría? -me pregunta ,  cortando el curso de mis pensamientos

-Realmente no lo sé- le contesto sin mirarlo- solo sé que corría y que de pronto la sentí

-¿Una mujer? -me dice ,  mientras no deja de garabatear en su cuaderno

-No- tardo en contestar, porque me aclaro la garganta

-¿Entonces?- insiste

-La muerte- le digo, y ya nada me frena porque siento que un dique se desborda y las palabras toman vida propia en mi para abrirle lo que tanto tiempo ha estado oculto:

“La muerte, la muerte espesa y pegajosa ,  como solo la sentimos los ciclistas cuando bajamos de una montaña sin mirar a ninguna parte, fijos los ojos y los pies en evitar la caída, duras las manos sobre el manillar para no perder el buen pulso y que una mala jugada no nos lleve al abismo dando con nuestros huesos en la tumba. Esa, a esa hija de puta, fue a la que sentí en mi cuello, erizandome todos los vellos del cuerpo y haciéndome despertar de golpe”

-Pero, recordaba algo¿no? -me pregunta impasible. Porque de ahí viene todos sus problemas...

Asiento  , recordando como me quedé fuera del equipo, temiendo en cada momento caer, matarme de mala manera, que aquellos números aparecieran tras una curva y me enfilaran de muerte, atiborrándome de tranquilizantes para conciliar el sueño, drogándome para olvidarme de todo, perdiendo a mi familia y  mi prestigio en la huida.

-Sí- confieso por fín- los números que le he contado y una rueda de bicicleta rodando tras mi cabeza y sé que estoy muriendo

-¿Y sólo por eso tantos problemas?...Perdóneme si le he molestado- se apresura a decir, viendo mi cara desencajada y mi gesto agrio- pero solo por esa sensación no podía hipotecar su vida

Sí esa era la palabra que lo englobaba todo: hipotecar, o joder o terminar a plazo resuelto con todo lo que tanto trabajo me había costado conseguir...

-Pero había un motivo- le ratifico con seguridad - no era la primera vez que me pasaba

-¿Qué me quiere decir? -me pregunta  , elevando las cejas y señalándome con su pluma

-Lo que ha entendido- le reto con la mirada, para intuir que apuntará en su cuaderno: ”loco furibundo con ínfulas de visionario”

“No le diré que presentí el accidente de mi hijo que estuvo a punto de costarle la vida , ni de que sólo la conocí supe que me destrozaría el corazón y a pesar de saberlo como la amaba tanto no dudé ni por un instante en casarme con ella, no, no le diré nada, me levantaré y me iré...pero no , seguiré porque se lo he prometido a mi hijo y por él ,aguantaré”

-Bueno pues muy bien- me dirá al rato- ha ido muy bien, en las próximas sesiones iremos avanzando progresivamente...(sigue hablando pero ya no le escucho,  solo le veo gesticular, absurdamente como un muñeco de mimo que hiciera las gracias solo para mí. Solo pienso en mi hijo, al que hace demasiado tiempo que no veo, desde el divorcio, no ,desde que conseguí desengancharme, demasido tiempo, debe estar enorme- sonrío  , pensando en él- mientras me escapo a la libertad, saliendo de la consulta)

-Hasta luego, buenas tardes- le digo a la enfermera- ella me sonrie, supongo que aun me recuerda de los tiempos en que presté mi imagen a la televisión y los anuncios

En el bolsillo llevo el cochecillo que le regalé cuando tenía seis años, él adoraba ese coche, hasta dormía con él...

Voy a su encuentro feliz, pero de pronto la siento, viene tras de mi y corro para ahuyentarla, corro como lo hacía cuando volaba a lomos de mi bicicleta cumbre abajo en el Giro, ni siquiera siento rechinar las ruedas del coche que me embiste, ni me duele el cuerpo en la caída, porque su matricula está borrosa y sé que no es mi día de morir, aunque en el impacto la bicicleta que llevaba en la vaca se haya soltado y una de sus ruedas haya venido girando hasta mí, pero aún así estoy tranquilo  , porque sé que no pasara nada  , porque los números no aparecen y decido sacar de mi bolsillo el cochecito de mi hijo  , porque él me dará suerte y valentía, y entonces los veo, me lo acerco a los ojos para asegurarme y los veo: el uno, el cuatro, el ocho y el dos, en la pequeñisima matricula de su guardabarros ,garabateados con su letra infantil de entonces. Ahora recuerdo el porqué de la “a” mayúscula delante  , por  Antonio, que es el nombre de mi hijo... Y todo cobra sentido, el uno, el día , el cuatro, el mes, abril, y los dos últimos el año, el 82, la fecha en que nació . 

 


Tags: ciclistas, terror, ficcion, cuento corto

Publicado por anaespinosa123 @ 21:56
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