viernes, 04 de julio de 2008

 

I.

 

Poco os podrá decir mi nombre, pues ninguna gesta digna de ser mencionada ni recordada he acometido en los años de vida que tengo, más os lo digo, de cualquier forma, pues poco entenderíais mi relato si no sabéis bien quién os lo está contando. Siendo así y que valga para ello la licencia de la que he usado, os diré que por Santiago me bautizaron y por ese nombre me llaman, las más de las veces, todo sea confesado, casi siempre para maldecirme y casi nunca para regalarme de elogios, que son muchos los oprobios que causo y pocas las dichas que doy.

No soy mas que mitad de huérfano y un mucho de pícaro, pues qué otra cosa se podría ser en esta España que nos seca con sus guerras sin fin y sus muchas penurias.

Con todo,  no puedo quejarme,  pues techo sobre el que recostar la cabeza al caer la noche nunca me ha faltado y tampoco limpieza de sangre.

No recuerdo a mi padre que murió lejos de nuestra tierra siendo yo muy niño, más sé, por los cuentos que los viejos soldados que lo acompañaron en sus cuitas, que se trataba de un tal Jerónimo Guzmán, soldado aguerrido, de mirada fiera y poco amigo de chanzas y bromas, mas diestro en el uso de la bilbaína al degüello que en el manejo de la espada o el mosquete en la batalla.

De su imagen solo soy dueño en sueños , apareciéndoseme en las neblinas que separan la duermevela de la vigilia  , luciendo toscamente una barba áspera ,negra y cerrada ,  que perfumaba toda la casa ,  desde su llegada ,  del olor agrio ,  de no sé cuantas guerras padecidas.

No consigo discernir con claridad si es cierto que mi padre llegado a nuestro humilde hogar de amanecida o de sobrenoche , siempre con prisas de voz grave, pasos quedos y huidizos , prendido el nombre de mi madre en sus labios, después de beber y comer de lo poco que en nuestra despensa siempre hubo, gustaba de charlar, con la mirada perdida en la lumbre, de los muchos lugares que sus pies habían hollado, de las muchas pocilgas y enlodados donde su alma quedó presa y de los muchos padecimientos que su cuerpo sufrió, luchando en los ejércitos de nuestro señor Don Felipe .

Como os decía, no sé bien, si aquello que tan nítidamente recuerdo, que hasta os podría relatar cuál era el fuego de su mirada o el despecho con el que tiraba al calor de la lumbre una brizna invisible de paja de su sombrero, fue realidad o simple sueño de niño, de niño criado en la calle como tantos otros, siempre a la espera de noticias, zascandileando y languideciendo.

Lo que sí sé   , es que mi padre nunca regresó definitivamente del mundo aquel de los sueños ,  donde yo lo había ido prevaleciendo de las heridas de las guerras, y no lo hizo ,  porque nunca supimos de él ni como vivo ni como muerto, nunca lo pude ver por las calles de nuestra ciudad  , vagabundeando como a tantos otros compañeros suyos, luciéndose de sus heridas de guerra como las galas que era y compadeciéndose en la mirada lastimera de aquellos a los que elogiaba, vituperaba o adoctrinaba ,siempre a la entrada o salida de misa, según fuese el humor y la limosna que se pretendía.

Con el tiempo, llegué a saber mucho de esto que os cuento, pues esa misma iglesia por la que yo perdí mis pasos de zagal, observando con ojos siempre inquietos la realidad que me fascinaba, llegó a ser ,  en cierto momento de mi vida ,  mi lugar de trabajo .

Pero no nos entretengamos ahora en aquella otra etapa  , que  ,  aunque  siendo posterior no por ello menos importante en mi vida , todo sea por llevar las cosas a su justo término y para que entendáis ,  que   , lo que soy o llegué a ser ,  no lo fue ,  sino por un cúmulo de calamidades ,  a las que el destino me condujo.

 

II.

 

Nunca me pesó que mi padre no mandara a buscarme para tenerme a su lado como hicieron algunos de sus amigos  ,  con sus hijos ya crecidos , ni que dejara recado  , a su muerte  , por boca de algún compañero de armas , de que le siguiera en su carrera como soldado , tomando su puesto y nombre, como era la costumbre , pues qué me habría aguardado mas que servir al Rey hasta mi muerte , por poca paga y menos honra, siendo afortunado si podía regresar  , al final de mis días , a casa ,  entero y con la bolsa vacía, para después morir de miserias ,  sin que nadie se acordara ,  de que por esta ingrata patria ,  vendí juventud y salud ,  a cambio de nada.

Como fuere , pues nunca supimos lo que en realidad fue de él , mi padre no regresó a nuestro lado ,ni dio señales de seguir vivo, así que mi madre y yo mismo le dimos por muerto , cada uno  ,  a nuestra manera ; ella , sustituyendo sus visitas  , de tarde en tarde y rápidas como el rayo ,  por la compañía de todo tratante de sedas, comerciante en lanas, o  hidalgo venido a más , que pasase por nuestra ciudad y se detuviera lo suficiente como para buscar posada ,  y yo , aprendiendo ,  lo más velozmente que me dio el entendimiento ,  de cuanto malhechor y truhán  , tuviese la fortuna de conocer  , sin que me destripase ,engañase o robase.

Mi madre no paraba en la posada sus quehaceres diarios, pues poco beneficio habríamos tenido de aquella mísera actividad  , que a lo más nos daba algunas blancas y de tarde en tarde medios escudos, pues ni los guisos ,ni la belleza, ni el trato general, de la que me dio la vida ,  eran dignos de destacar ,  ni de pasar de boca en boca ,  en las ferias de ganado , de donde provenían principalmente sus clientes.

No era este en cambio ,el problema de un ama que tuve ,no aún cumplidos los siete años, pues bien galana y hermosa  , que  , por la naturaleza ,  había sido dotada , con hermosos ojos y linda figura , con donaire y elegancia sobrados que la llevaron de la calle  de los desamparados , donde nos cobijábamos ,  a las habitaciones privadas de la Prioral  , y de allí ,  por conducto directo ,  a la corte papal ,donde ,según me dijo ,el paje que siempre la acompañó ,  como escolta y guarda cama, bien les fue a los dos y muy cumplidamente

En cambio, mi madre ,¡pobre mujer!, deslucía su figura ,encorvándola y vistiéndola de negro luto , y arrugado veíase su rostro y encanecido su cabello, llegando a parecer lo que siempre fue, pues no hubo día de mi vida que no recuerde a mi madre robando las mandrágoras que crecían a la sombra de los ahorcados,  musitando en el acto de hacerlo ,  en voz baja ,  algún cántico que nunca llegué a aprender , ya que como no era niña y es este oficio que solo de madres a hijas es traspasado  , de su conocimiento ,nunca en mi vida pude sacar provecho , como hubiera sido mi voluntad.

Así que nadie ,  y menos yo  , que la amaba y respetaba por lo que era- aunque a veces  , no puedo negarlo, cuando siendo aún muy niño, de noche sin luna ,  me obligaba a acompañarla a la encrucijada para enterrar o desenterrar algo , la temí lo mismo que al diablo - podía criticar el oficio   , que  , primero ,  con su hombre siempre en las guerras de nuestra España  , y  , después ,  ya definitivamente sola y conmigo a su cargo, buscó  , tan de su agrado

.La mujer trabajada y vencida por la vida ,que era mi madre, no era plato de gusto de los señorones  , que se dejaban caer por nuestra villa , y si a ello sumásemos que nunca ni en sus mejores días fue bella ni coqueta, hacendosa o discreta, decidme , que otro oficio  , más que el que había ejercido su familia ,  por tradición ,  podía usar para mantenernos. 

Sí , mi madre hacía hechicerías o embrujos, como gustéis de llamarlo, mas nunca fue una bruja, pues nunca trato directamente con Satanás ,¡que más nos hubiera gustado! pero no ,a pesar de lo que diga la Santa Inquisición solo un pobre diablillo ,venido a menos, rondaba con familiaridad por nuestra casa, llegándose a hacer muy amigo nuestro

Es cierto que la mayor de las ruinas nos obligó a separarnos, maleándose nuestra fortuna de tal modo ,por la ausencia de mi padre y sus escudos de atraso , por las pagas que le costaron la vida y nunca saldadas por el Rey , por la pensión pura miseria, sin clientes  , , que , sin darnos cuenta ,  nos vimos sin salida y famélicos ,como perros sarnosos, en la calle  , sin tener ni sitio para pedir en la iglesia, ni conocimientos para conseguir del párroco carta de mendigos , por lo que a mi madre no le quedó más remedio que enviarme a casa de una conocida suya, vieja buscona, que  , viéndome joven  , sano y bien dispuesto me entregó a la mejor de sus discípulas , Barbara de Villafranca .

Ya ella sola, libre y sin ataduras de marido ,  ni de hijo, dio por tirar ,como es el dicho  , por la calle de en medio, empleándose a fondo en pociones y encantamientos ,  que antes de mi marcha hacía a escondidas y de tarde en tarde ,mas ahora  , pasaron a ser con mi ausencia  ,  plato común de todas horas del día  , sin guarda ,  ni miramientos  , ni prevención  ,  de lo que mas tarde le sucedería.

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

III.

 

Con mi nueva ama , Doña Barbara, no me fue mal, todo lo contrario, pues aunque nunca degusté pitanzas en demasía ,ni disfruté de sedas ,  ni broqueles, pues no los había , tampoco ,en cambio, sufrí de malos gestos, ni palabras agrias ,ni aún  menos, latigazos y patadas de los que tan bien cumplidos iban aquellos pajes que al servicio de los hidalgos y señores tenían la desgracia de entrar.

Es por ello ,  ilustres señores ,  que jamás palabra alguna saldrá de mi boca para injuriar o maldecir  a aquella mujer que sus con buenas maneras y sus muchos dones , agrada la vida a los hombres a cambio de sus escudos ,pues qué oficio entre todos los que Dios repartió puede ser más galano o más honroso que aquel , que hace feliz por tan poco precio.

En la casa de mi ama, encontré al más querido de mis amigos ,  a Juanico , el que luego en la corte llegaría a trovador, llevado de la mano, por no decir del cuerpo, de nuestra ama, Doña Barbara.

Juanico que en aquel entonces rozaría ya los diez años, era corto de cuerpo, pero ancho como becerro, dándome de bienvenida tal guisa de patadas y coscorrones  , que no me quedó otra ,  que hacerme de querer de él, pues sino acabara en dos días con la salud de mis huesos y la paz de mi alma.

-¿Quién anda ahí? dicho como un susurro del viento ,  fue lo único que me dio tiempo a oír ,solo fue entrar en el altillo que nos hacía las veces a los pajes de posada.

-Yo, contesté, aproximándome a la voz de niño que me había preguntado

Solo descubrió mi endeblez, motivada por el hambre y la canijez de los muchos días pasados sin resuello, que levantose con presteza de gato para emprenderla conmigo, que buscaba acomodo en silencio ,dándome empujones y bandazos que me llevaron con certeza al suelo, donde ya la remató con patadas ,tan fieras, que a punto estuve  a la amanecida  , de no poder moverme a las ordenes de mi ama.

Pero en ese día, reprendido mi verdugo severamente por Doña Barbara, al tomar cuenta de mis moretones, ya pude entender ,viendo las miradas que le regalaba , los perdones y santiguados que le ofrecía  ,  los mil arrepentimientos que le juraba , lo presto que se perdía en cumplir el mas mínimo deseos suyo y los celos que le perdían en cuanto cualquiera se acercaba a ella ,que Juanico, a pesar de su corta edad y del poco seso que parecía gastar en esa cabezota, perdía los sentidos por Doña Barbara ,que en aquellos días ya gastaba maneras de la gran señora que llegó a ser.

Con el tiempo aprendí muchas cosas, pero la más principal fue que si tienes una debilidad y esta es tan palpable como la de Juanico por nuestra ama, siempre puedes servirte de ella

-Juanico , ¿te has dado cuenta como te mira el ama, cuando trabajas? le dije al poco rato, cuando aún no le había dado tiempo de volver a la carga ,  con la golpiza de celos hacía mi.

Solo debía tener unos seis o siete años a lo más ,pero ya sabía que mi futuro se estaba librando ante mi ,en esa cara contraida y gorda, como patata cocida directamente al fuego de leña

-¿Qué dices ,mentecato? me preguntó  , sin mirarme más que a medias ,atareados como estabamos en limpiar el piso y acarrear todos los desperdicios que los clientes habían dejado la noche anterior.

Deje pasar dos Ave Marías y un Padrenuestro antes de contestarle y cuando lo vi contraer los puños supe que era el momento de decirle:

-Que yo creo que el ama siente algo por ti.

-Pero qué dices ,mentecato ,huelelilas ,me dijo, haciendo ademán de agarrar un cazo que limpiaba y tirármelo a la cabeza…

En cambio, no lo hizo ,sino que siguió limpiando, tal y como las ama nos había mandado  , mientras ella  , con su maestra y las demás discípulas ,iba a misa a darse el encuentro con los clientes que durante el día y parte de la noche proveerían nuestro sustento

Desde aquel día y aunque parezca extraño, ya nunca volvió a levantarme la mano, más que para algún coscorrón a destiempo o alguna patada ocasional , a los que yo siempre hacía como que no me dolían o como que no me habían sido dados, tragándome las lagrimas y el orgullo ,  pues es sabido que al feroz lo que más le agrada no es el daño infringido ,  sino la posibilidad de rebajar  , un poco mas cada vez ,  a su víctima.

Cuando llegado el tiempo , me hice imprescindible para el ama, llevándole las cuentas, cobrando los honorarios debidos y hasta cazando a clientes en cualquier parte de la villa, Juanico tornose más y más amigo mío, dándole yo un lugar preferente al lado del ama, como él siempre quiso, de espanta bobos y  reponedor de razones  , gastando sus malos modos y la contundez de sus manos y piernas en aquellos que se acercaban demasiado a la dama en sus paseos para atraer clientela, sin tener escudos para hacerlo ,  o en aquellos otros , que una vez satisfechas sus peticiones, olvidaban la obligación de pagarlas

Y si qué es curiosa la vida ,porque creeréis que tan y como os lo cuento ,esto pudo suceder en días o meses, mas no, porque fueron años los que nos pasaron por encima, en los que yo abrí los ojos a la esperanza, aprendiendo cuanto la vida quiso enseñarme , pegándome como la cera virgen al pergamino a todo lo que me permitiera hacer crecer mi entendimiento y razón, mi sed inagotable de conocer, más en ese tiempo mi buen Juanico no pudo menos que crecer también y dada la ventaja que me llevaba en grandeza de cuerpo y de fortaleza , no pudo hacerse más hombrón ,  ni más bestia ,dada que en tal igualdad de condiciones crecieron sus miembros  , como sus malas maneras.

Tampoco penséis que de la noche a la mañana un bravucón ,aunque sin mucho seso, pasa a ser una oveja dócil a nuestro servicio ,sino que no pocas cenas y almuerzos hube de regalarle a su insaciable apetito, para que nunca pensara que era libre de robármelo ,o para complacerle espié sin quererlo a la dama , a sus galanes, mintiéndole sobre sus intenciones en cuanto uno se acercaba demasiado a su corazón, regalándole dulces palabras poniéndolas en boca de Juanico o llevando y trayendo mensajes ahora de uno al ama, ahora de la otra al galán de turno,  para que me dejaran disfrutar de una noche más en paz.

Pero no creáis que todo fue tan sencillo, pues al poco de llegar yo a la casa y esforzándome yo en agradar y tratar como señoras a las busconas y a los clientes como a mariscales , y dándose cuenta la amiga de mi madre de mis muchas posibilidades, le dijo a mi ama:

-Niña , este zagal tiene materia ,no lo desaproveches y pídele a Don Matías ,que tanto te quiere  , que busque algún párroco de la Prioral para que le instruya

Don Matías era el Prior de Santa María, bajo y rechoncho como con el tiempo llegó a ser nuestro Juanico, y al igual que él de cara redonda y aplastada  , de manazas y piernas fuertes como las de un toro de lidia , pero cubierto y protegido por su sotana .

-¿Qué hay de bueno por aquí ,hija mía? le dijo a modo de saludo a mi ama, recibiéndola en los escalones  , que dan paso al templo

Doña Barbara habíase puesto ese día su ropa más escogida, su calzado más hermoso y peinado durante hora a la luz de las velas, alzado su cabello negro para destacar su cara perfecta. Había perfumado su cuerpo y cabello con esencia de jazmín y romero y tiznado ojos y enrojecido labios para ser aun más bella de lo que nunca había sido.

-Pues verá ,excelencia, dijo mi ama ,haciendo una graciosa inclinación , venía con este mozo(me acercó con una mano, para que él me viera)  , que una amiga ha tenido a bien dejar a mi cuidado, para ver si vos podíais instruirle en el amor a Dios ,como tan bien hicisteis conmigo

Yo no levanté los ojos del suelo, hasta que el Prior puso una mano helada en mi cabeza, preguntándome:

-¿Es tu deseo tomar a Dios en tu corazón, zagal?

Alcé los ojos con la vehemencia que me pareció que se esperaba de mi, contestándole con sumo cuidado:

-¡Oh, si, Santo Padre!

-Oh, qué ocurrencia ,llamarme Santo Padre, dijo él entre risotadas de alegría

-¿Y porque no, excelencia ?dijo presta mi ama ,al fin todo está en las manos de Dios

El la miró con complacencia, diciéndole en un susurro:

-Te espero más tarde, tras la misa mayor

Y luego para que los feligreses que pasaban de cerca  , lo escucharan ,  añadió:

-El padre Lucas se encargará de instruir a este zagal, que tan buenas razones tiene para ello y como no es  más trabajo, lo hará igual con ese otro zagal que tenéis recogido en vuestra casa, de nombre Juan ,  como el primo de Jesucristo , nuestro Señor.

Antes de volverse al templo nos bendijo a ambos, a lo que mi ama contestó santiguándose en una reverencia, tan dulce y discreta  , que si mi animo hubiera sido otro ,  hasta yo mismo podría haberme enamorado de ella.

 

 

 

 

IV.

 

El Padre Lucas no era ni mejor ni peor que los otros muchos párrocos que he conocido en mi vida , más si tenía una cosa en su favor, su amor por los clásicos y su mucha sapiencia ,  que impartía como  la lluvia a la tierra ,  sin importarle o no ,  si era bien o mal recibida.

Entrecierro los ojos y puedo verlo , barrigudo y de voz aflautada , llamando al vinillo con que se desgastaba la garganta , “el elixir  de Baco”, mientras maldecía en arameo cuanto panfleto , legajillo, o escrito de autor desconocido cayera en sus manos, criticando a la muy noble iglesia a la que él pertenecía.

El nos enseñó, mas a mi ,  que a Juanico, me es noble el reconocerlo, todo lo que de su vientre fértil salió, pues no había autor clásico que no conociera ni tradujera a la perfección, ni hubo fábula o narración en verso que no descifrara como si se tratase de las cantigas  , que se canturreaban por las calles en las voces de los trovadores y mendigos.

Qué otro sino él me aconsejo comportamiento y razones para una vida prospera, quién otro sino él me dejó llorar sobre su hombro cuando la Inquisición encarceló a mi madre por primera vez.

-Santiaguillo, no te lo tomes así, zagal, me dijo ,cuando supo el motivo de mis lloros, que ya pronto saldrá…mirelo esperanzado ,habiendo creído con toda la fuerza de mi corazón que aquel desgraciado , que caía en las cárceles de la inquisición  , solo salía de allí con los pies por procedencia.

-¿Saldrá , entonces ,con bien de la prisión, Padre Lucas? le pregunté .cesando en mis lagrimas

-Con bien, con bien, no lo sé ,zagal, me dijo ,poniéndome una mano áspera y callosa en la espalda , pero que saldrá  , tan seguro como que María santísima es la madre de nuestro señor Jesús…

Y no es por desacreditar a tan buen padre , que ya he dicho que para mi, que lo fue mas de verdad  , que de nombre, pues enseñome las muchas verdades y las mas aun de mentiras que nos tiene esta vida, pero mi madre no salió , al menos con vida de las cárceles secretas.

Nunca entendí porque las llamaban así, pues todos en la villa sabíamos ,con espanto eso sí, donde se hallaban y mas o menos a lo que se iba allí, mas como el infierno, que está aunque, Dios nos libre, en él no creas ,las cárceles de la inquisición ,que no se señalaban por nada, ni rezaban en la villa de nada ,y sin embargo, aun estando alejadas del lugar donde la villa mas crecía, sus lamentos y estropicios hasta cualquier parte llegaban , y había que ser ciego como maese Lucio para no ver los requisamientos ,los apresamientos en cualquier lugar y los bandos ,que no nos podían ser secretos, de igual modo que a mi no me lo fue el apresamiento de mi madre.

-¡Santiago, Santiago ! me despertaron unos gritos de amanecida

-¿Qué pasa? balbuceó desde su jergón de paja Juanico

Asomé mi cabeza por el hueco que a la calle daba   para , desentumeciendo mis ojos de la neblina del sueño ,ver a Lázaro ,el zagal del ciego, cómo me llamaba con la cara pálida y el ceño contraído

- Lazarillo ,hermano, le dije ,¿por qué gritas tan desesperadamente?

Lázaro ,  era aprendiz de la vida como yo mismo ,abandonado por su suerte como yo por mi madre, habiendo tenido la desgracia añadida de caer en las manos del ciego Lucio que le propinaba soberanas palizas ,día sí y día también.

Mas de una vez habíamos compartido cuitas y mendrugones ,  robados a la cocina de mi ama, solapados y compartidos con él , al igual que las propinillas que los clientes tan gentilmente daban a un rapaz ,como yo, presto en servirles ,en todo cuanto gustaran.

-Tu madre, Santiago ,han apresado a tu madre , me dijo ,sobresaltando mi corazón ,  al que la certeza de los hechos consumados ,  no daba respiro  , ni hacía desaparecer la congoja

Desde que me despidió de su lado, sin una palabra ni un gesto, supe que desde ahí, a pesar de mis seis años, había empezado mi madurez de hombre ,ya nunca más tendría un fugaz beso en la frente al acabarse el día ,ni tendría a nadie ,  que aunque mínimamente  , se ocupase de mi.

El recorrido desde nuestra choza al lado del río, hasta la casona, vieja y destartalada donde vivía la que sería mi nueva ama lo hicimos en silencio, uno tras otro, caminando despacio  , pero sin pararnos ni mirarnos , como si supiéramos que solo hacíamos lo que estabamos obligados a hacer.

Hubiera querido retener en mi memoria la imagen enlutada y encorvada de la que me dio el ser ,pero no debía ser plato de su agrado el dejarme allí  , pues partió tan rauda y en tan gran silencio ,  que por un instante pensé que lo habría hecho a lomos del diablillo familiar que siempre nos acompañaba, desde aun antes de la partida de mi padre.

Lo que nunca llegué a comprender es como mi madre, tan hábil en pociones y encantamientos, invocadora de los mayores poderes, que hasta la hicieron con el tiempo y la fama que le llegó tras mi marcha, de ser consultada hasta por la nobleza , pudo quedarse quieta de brazos cruzados, como tantas otras de su oficio ,que siendo libres como solo puede serlo el viento, a la orden de los inquisidores ,perdían libertad y hasta la vida, como fue el triste caso de la que me dio el ser, en pos de la verdad infinita de la sagrada iglesia.

Porque sí ,  mi madre ,  después de presa y encarcela ,fue sometida a suplicio, como es llamado para averiguar todo lo que de en su vida hubiera hecho, desde aun antes de su nacimiento  , y dado ,como ya os conté que en nuestra familia, siempre siguiendo la línea ascendente y basándose en la condición de mujer, siempre había habido una hechicera ,  que no bruja ,  que ayudara con sus saberes a todo cristiano ,moro o judío  , que viniera a necesitar su ayuda.

Mas lo que en otros tiempos se había visto bien e incluso los Reyes moros habían auspiciado con sabios venidos de lejanos países ,para saber el destino de sus hijos y reinos  , ahora estaba mal visto y muy censurado, habiendo pasado por las cárceles de la inquisición ,  desde antiguos ministros y asesores de los reyes ,hasta monjas piadosas y hasta santas ,  y líbreme Dios si por decir esto , a mi que soy cristiano viejo, venme ustedes de caer en sus santas manos  , pues libre estoy de pecado.

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

V.

 

Fue la noche que soñé con ratas, aquella en  la que él empezó a formar parte esencial de mi vida .

No había sabido  , en todo el tiempo que duraba su encarcelamiento , nada de mi madre ,como es lo usual cuando alguna hechicera caía en las manos de los dominicos . Pero no me había preocupado en demasía por ella, no solo porque mis propios asuntos me llevaran de un lado a otro de la villa , haciéndole recados a mi señora y ganándome alguna blanca para mi propia holgura  , sino más bien porque las busconas y los mendigos , las buscavidas que ,  echaban la buena fortuna , a la puerta de la iglesia , sin palabras  , que entre nosotros falta alguna hacían  , me dijeron que dentro de las secretas ,.al igual que fuera dellas ,en la calle, hay un código que nos asiste a los que de la picardía hacemos nuestro oficio.

Solo era conducirme a la vicaria donde el Padre Lucas nos impartía sus lecciones , que se me acercaba como con descuido un mendigo, sin piernas ,arrastrando su desgracia para vocear a mi lado , cantando:

-A mi mujer anoche la metieron presa, por bruja la muy condenada ,mas sigue con hechicerías allí dentro ,por sus hermanas respaldada…

A la salida, la vendedora de flores, susurraba :

-Declara mañana, pero no tienen nada contra ella ,solo envidias de más de una marrana…

Y así día tras día ,sol de amanecida ,sol de anochecida , me venían noticias de voces de extraños con los que yo no tenía trato, aunque más que hermanos míos eran ,  sin yo haberlo sabido hasta entonces ,  en las encrucijadas y puñaladas que nos regala la vida.

Yo hacía como que no oía ni veía nada de lo que os he contado , tal y como se esperaba de mi ,  y corría contento , con el buche lleno de esperanza ,   al encuentro de Lázaro , que sentado a la puerta de la Prioral , pedía a toda el alma caritativa que se acercaba a la iglesia , invocando el nombre del ciego al que maldecía por dentro, porque a pesar de ser famoso y conocido hasta en la corte por ser el que mejores bulas y perdones recitaba de memoria ,también lo era entre los bajos fondos por haber perdido los dos ojos  , no de tanto orar a todas horas como proclamaba para que los piadosos le oyeran , sino en una riña de ladrones por el botín de una sacristía  .

Lázaro era mis oídos y mis ojos en la villa , protegiéndome de todo mal con sus informaciones, haciéndome saber con su astucia de expósito con que podía comprar a quién y de dónde me podía venir el daño. Yo a cambio de este salvoconducto de vida , le abastecía de toda clase de viandas, las mas veces robadas o embaucadas en mi camino , mas que conseguidas con buena lid , pero bien valían los pocos azotes que me daban o la carrera que me había tenido que pegar, pues eran prestamente recompensadas con sonrisas y resoplidos de admiración al ver  , mi buen amigo, lo que de mi zurrón , como por arte de magia ,  manaba.

Pero no fue hasta la muerte de mi madre, por mucho que lo creyese mi hermano Lázaro, que viome salir de mil aprietos sin daño , cuando entró de lleno la magia en mi vida ,pues hasta entonces y a pesar de provenir, como también os lo dije con anterioridad  , de una familia de hechiceras que se remontaba a los tiempos de la Reina Isabel , nunca por ser varón me había dado mi madre ni el más mínimo valor en ese terreno.

Y es culpa ,excelencias  , de la incultura que nos asola en estas tierras ,pues si malo es ser natural de los reinos de España, dond

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Publicado por anaespinosa123 @ 22:01
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