| Uteros a doquier |
| Ana Isabel Espinosa |
| Cómo tiene que estar, de agobiada y rota , una madre, para llegar a lo que sea, por dar de comer a sus hijos, tanto como Silvia Malacari, que ha pensado en prestar su útero, para albergar vida nueva. Y la historia sería una más si no fuera por la desesperación que ha llevado a esta mujer a hacerlo y el peligro que ello entraña para su vida ,porque aunque Silvia es aún joven para engendrar y parir, 33 años, ya ha sido madre ocho veces. Pero aún así, a sabiendas de las dificultades, de los problemas legales, pues en Argentina, al igual que en España , no está permitida la práctica del alquiler de los vientres ,ella dice no importarle nada y perseverar en su empeño, en el que le siguen incondicionalmente , su marido, pintor eventual, y sus hijos, algunos, ya en la adolescencia. No debería permitirse que nadie se viera abocado a nada que le costara la vida o que le dañara por dar estabilidad a su prole, tampoco debería nadie verse obligado a llegar a estos extremos por ser padre, porque los posibles hijos adoptados fueran un sueño tan lejano , como imposible. Si se fijan, ambos problemas se cruzan en un punto común, los servicios de asistencia de los ciudadanos , que ni acogieron en sus instituciones las múltiples peticiones de Silvia de ayuda, para no tener que cambiar de colegio a sus hijos cada vez que su marido se quedaba sin trabajo y ni ayudaron a los padres que han contestado a su desesperada petición, empantanados en unos tramites de adopción, de muchos años atrás. Nunca estaré en contra de los úteros de alquiler, no, si se regulan legalmente y no se abusa, ni de las mujeres que los alquilen, ni de los padres, que vean en ésta su última posibilidad de aumentar su familia, porque sé lo que significa un hijo y cuánto estaríamos muchos dispuestos a dar por ellos. También sé que hay personas que con los controles médicos necesarios, con su voluntad libre y plenamente enteradas y conscientes de todos los trámites, podrían hacer un servicio con su cuerpo sano y su útero fecundo, a padres, que, solo pudieran llegar a serlo, gracias a ellas. Y así de claras las cosas y sin abusos de nadie, con todas las normas legales establecidas, con la reglamentación cumplida y con verificación de que los términos sean cumplidos estrictamente, díganme qué mal podría haber, qué podría salir mal, que no pudiera salir en cualquier otra adopción garantizada, y qué diferencia habría con otra paternidad, querida y sentida, mas que el compartir un hijo deseado. Lo que no entiendo es porqué la gente que puede económicamente burla las leyes de su país, se marcha a países donde está permitido este tipo de practicas, sin pasar por ningún control, pudiendo escoger a sus futuros hijos como si fueran a un supermercado, con fotos de los padres biológicos e indicaciones de tamaños ,colores y preferencias ,permitiéndoseles regresar a nuestro país con sus hijos en los brazos y, en cambio ,a las demás personas, que no tienen esos contactos, oesos conocimientos, o por desgracia , ese caudal de dinero, necesario para emprender esa aventura ,se quedan en su país de origen, años y años, buscando dinero y papeles y más papeles, hasta llegar finalmente a una costosa adopción, basada en muchos trámites y mucho dinero. |
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