Don Carnal y Doña Cuaresma
Tal vez hubiera podido nacer en otro lugar, en una cama cómoda, o en un tranquilo y moderno hospital, pero como la forma de concebirme tampoco fue la usual, creí lo más conveniente que mi nacimiento se le igualara, como la taza al plato en un juego de café, para después poderlo contar a propios y extraños y que no pudiera, lo uno con lo otro, desmerecer. El año anterior a mi nacimiento, entre las bullas, los jaleos y la gente revolviéndolo todo en las calles y plazuelas, mi madre, con su traje de piconera ajustado y vuelto a ajustar, para que marcase cada una de sus bonitas formas de mujer hecha, a pesar de sus escasos quince años, se afanaba inútilmente en llegar a tiempo a la designación de su hermana mayor como probabilisima Diosa de los Carnavales. Sus zapatos de tacón fino y sus medias de naylon, no le ayudaban en su intento y más de una vez con las prisas la hicieron trastabillar. Suerte tuvo de encontrar en su camino, un buen muchacho, disfrazado de tuno, con un bigote marcial y una sonrisa toda dientes, que con sus manos blancas y suaves, la libró de irse contra el suelo, temible por estar preñado de piedrecitas grises, apiñadas y encontradas en un remolino de formas sin igual. Al despedirse, el chaval la envolvió con una mirada risueña que le decía; "todo va bien, todo va bien". Mi madre en otras circunstancias hubiera dado palique al chiquillo, que se veía buen mozo y atento, pero esta tarde todo eran prisas, y por eso no pudo, como habría sido su deseo, entablar conversación con él. Yo siempre he pensado, que el destino no quiso que aquel muchacho se convirtiera en mi padre, para no vincularme a un hombre determinado, sino que prefirió lanzarme en brazos de la paternidad de todo Puerto Tarifado, para su mayor satisfacción.
Esa chiquilla toda gracia y candor que era en aquel momento mi progenitora, intentaba desesperadamente llegar hasta la primerisima primera fila de la Plaza de San Antonio, pero aquel parecía un destino improbable al estar defendido por una fortaleza de cuerpos humanos entrechocados de los que irradiaba un río constante de gente sin rostros ni cuerpos, solo masa informe compuesta de múltiples deseos de divertirse, llegando en su insaciable voracidad a cubrir con su humanidad toda la calle Ancha. Inevitablemente,pues, se hundió en aquel maremagnum compuesto por una muchedumbre anónima, que lo llenaba todo con su presencia sin nombre .Nada mas iniciarse el acercamiento la envolvieron en su calor hondo de un millón de bocas y cientos de manos y piernas, que la estrujaron, arremetieron y protegieron con mas fuerza y más cálidamente que el propio seno materno. Ella, guerrera y altiva como la diosa Astarté , que la protegía con su benevolencia, dio codazos, patadas, puntapiés ,y hasta algún que otro pellizco mas que bajuno, en su afán desesperado por llegar a la puñetera primera fila de la Plaza San Antonio, donde se dilucidaba el futuro de su hermana y que parecía mismamente estar a mas de dos leguas de camino, cuando en circunstancias normales, sin esa avalancha de gente que parecía salir de todos lados, hubiera tardado apenas dos minutos en llegar. Por eso, no se dio cuenta que al conseguir su objetivo y darle un beso a la barrera amarilla- metálica que la policía municipal había puesto para impedir que la gente se subiera a la tarima, ya me llevaba de pasajero en su barriga, y que salté , feliz por mi recién estrenada concepción, igual que una rana en su charca, justo cuando anunciaba el presentador el nombre de la Diosa y no era la agraciada la tía Encarnita.
Mi madre, no compartió mi dicha por ser engendrado, seguramente por no participar en su origen ,e incluso se desmayo al escuchar la mala noticia de la no proclamación de su hermana, claro que no era para menos ,después de lo que había luchado la abuela María para que su hija luciera la corona como mujer mas bella en los Carnavales de Puerto Tarifado, después de tanto trabajar para que la niña creciera guapa y hermosa, para que sonriera como una reina, para que le brillara el pelo mas que a ninguna y para que los ojillos de azul de cielo, se vieran relucientes como dos luceros .Y ahora, todo se venia abajo por la fatalidad de haberse presentado la hija del concejal de la UCD, que además de fea ,era coja y mellada como un bidé ,rescatado de un basurero Y las cosas como eran, es que jodia un rato largo no ganar por un maldito enchufe, porque la tía Encarni, estúpida y marimandona era un rato largo, pero guapa también, que para ser puerto tarifeña, era rubia como la miel y con la piel blanca como la harina , que ni por mucho que el sol apretara ni se pusiera bajo sus rayos de oro, conseguía que su tono marfil se vertiera en canela en rama .Y es que la vida da muchas sorpresas ,y la abuela , allá por sus veintitantos , había tenido una debilidad que le duro nueve meses, nada mas arribar un barco ruso al muelle que vomitó de su negro vientre, unos pescadores grandes como ballenas y tan blancos que parecían de papel cebolla, que hasta las venas del cuerpo las tenían tan azules como las de los ángeles del cielo ,transparentándoseles por toda la carne. Como el abuelo trabajaba mucho descargando las cajas de pescados, pues entre viaje y viaje para llevarle al hombre el costo y traerse las fiambreras de vuelta ,conoció a uno de aquellos rusos, que tan buen palique le daba ,que mucho que le sonreía con su boca toda dientes y mostacho de cuatro pelillos locos, que cuando a la abuela le decía cosillas al oído, de las cosquillitas que le daban casi se moría de la risa ,y que por mas que intentaba farfullar un poquillo el andalú pringao que parlaba la abuela no se le entendía nada mas que la mano perdiéndose intrépida por debajo de la falda, y al irse el buen cosaco, mas contento que unas pascuas por el improvisado acogimientos en estas lejanas tierras, ya le había dejado un regalito de despedida a su anfitriona, que no era ni flores ni bombones, ni pasteles ni versos , sino la tía Encarni, que nació al poco de partir aquel, mas rubia y pálida que la misma manteca de lata. En cambio, mi madre que si procedía de la casta del abuelo Manuel, era harina de otro costal, pura raza, toda renegria de chica, pero espléndida ahora con sus catorce años, con el pelo negro-cafe, hasta la cintura y el cuerpo de jazmín florecido. Por eso mismo , no lloró tanto la abuela María cuando supo que a la tía Encarnita le habían robado la corona, porque nada mas mirar hasta donde se encontraba mi madre , que ya se había recuperado del soponcio ,la vio tan hermosa , con sus mejillas arreboladas y su traje ajustado, que pensó que ni el mismo Torquemada seria capaz de mandar a aquella belleza a la hoguera, cuando menos de negarle ser la Diosa del próximo Carnaval de Puerto Tarifado, que era de lo que allí se trataba. Así que mi madre, durante todo el año siguiente ,a instancias de la abuela María, se preparó a conciencia para lo que la habían parido catorce años antes, para ser la mujer mas bella de todos los carnavales de Puerto Tarifado. Asistió a clases de baile de salón ,de ballet y hasta de sevillanas ,por lo que pudiera pasar, de dicción como las artistas y hasta dos o tres clases de teatro, para que cuando la llamaran por su nombre para anunciarla al pueblo de Puerto Tarifado como Diosa de los carnavales no se le nublara la mirada y enchurretara todo el maquillaje. La abuela María estaba entusiasmada con los adelantos y las buenas maneras de su niña, el abuelo Manuel no dejaba de cabecear diciendo por lo bajini”a ver donde vamos a llegar con las locuras de esta mujer” ,y la tía Encarni se lío la manta la manta a la cabeza ,que al parecer en eso había salido a la abuela, y se fue a Madrid con el padre de la niña que le arrebatara el año antes la corona de Diosa . En fin que entre una cosa y otra, al llegar febrero , todo estaba preparado para la victoria final, para el desembarco victorioso de mi madre en la plaza de San Antonio. Lo único que no preparó mi abuela fue mi nacimiento, porque sintiéndome acogido y encariñado con el seno materno, no le iba a hacer la faena de nacer en mi fecha, y estropearle los Carnavales a la criatura, no señor , sino que me espere como un buen niño hasta que escuché su nombre a toda voz por la megafonía, y conste que los meses, doce ,que duró el embarazo, no le di un ruido a mi madre para que se concentrara bien en lo que tenia que hacer ,que para mi también era muy importante que fuera Diosa de los Carnavales, tanto o mas que para ella ,que al fin y al cabo yo había sido concebido gracias a ellos, y los veía como alguien de mi familia. Así que procuré tirar para adentro en vez de para afuera como hacen todos los chiquillos y no deformar a mi madre, que con sus doce meses de embarazo a cuestas, parecía una sirena bellísima dentro de su ajustado disfraz. Y al escucharse tronar la voz del presentador diciendo: "la ganadora es Adoracion García Muelas..." ya no pude esperar mas y quise salir para felicitar a mi madre ,y de paso , que me aplaudieran un poco a mi, que también había puesto mi granito de arena para que aquello llegara a buen pie. Y entre sollozos de mi madre, que no sabia porque se le estaba descomponiendo la barriga por la emoción , después de tanto haber ensayado en las clases de teatro para que no se le cayera ni una lagrima, vine al mundo acunado por el jaleo de la gente que no entendía que pasaba ni le importaba ,los chillidos del presentador que pedía a gritos un medico y las voces de mi abuela que no sabia que le podía estar sucediendo a su niña , para que se retorciera de dolor en pleno escenario. Tan conmocionados estaban todos ,que salí como un pez de la sirena disfrazada , porque ni tiempo dio para que se le quitaran la cola de escamas rosadas y azulinas. Fue tal, la sensación que este hecho provocó entre el pueblo de Puerto Tarifado, que a la sazón era mi padre, que metidos en la fiesta y la juerga como estaban me bautizaron con el nombre de Baco, y desde aquel día no hubo valiente que me quitara el nombrecito, y a todos los sitios donde mi madre me llevaba, me presentaba con los brazos en alto, ya todos me gritaban: " Baco, Baco" , hasta que yo me echaba a llorar de la emoción de sentirme tan querido por mi padre en pleno.
Mi madre, como chiquilla de pocos años y luces que era, aun no sabia bien de donde había salido yo, pero como estaba muy orgullosa de ser por fin Diosa ,se dedicó a llevarme a todos los saraos , festejos y jolgorios que acompañaban a su reinado y en cada sitio me daban un lingotazo de fino quinta y mi caballita asada , y después de chuparme todos los dedos, hasta los de los pies, me quedaba esperando para escuchar a los cuartetos , coros, comparsas y chirigotas cantar las bellezas de Puerto Tarifado y sus mujeres . De esta forma , me acostumbré desde bien temprano al buen comer y al buen beber ,y por eso a los cinco años ya parecía un tonelito con patas, todo regordete y pequeñín , pero como tenia tan buen humor y siempre tenia un chascarrillo a punto o una cancioncilla en la garganta deseando salir a ver el mundo ,todos estaban siempre a mi alrededor. Y las niñas me adoraban, eran capaces de hacer cualquier cosa porque les dedicara una coplilla de Carnaval.
Pronto me hice famoso ,tanto que mis coplillas eran las mas aplaudidas en la final infantil del Falla y no hubo un año que no ganara el primer premio. El único problema que tenia era que cuando no eran Carnavales, me entraba tal tristeza que me echaba a dormir y no conseguía despertarme hasta que era otra vez febrero, justo al año siguiente.
La criatura que me parió disfrazada de sirena, al principio extrañada , porque no pedía ni comida ni bebida y no paraba de dormir , me llevo a varios médicos, que se asombraron ante los extraños sintomas de mi caso, pero que por mas que hablaron ,estudiaron y cobraron, no lo consiguieron curar .Ya estaba la pobre mala de los nervios pensando que me moriría, cuando una vieja toda enlutada , con el vientre cargado de sabiduría, que escurría su figura alcayatada por los callejones , le dio la solución : "Mira, chiquilla esto es como lo de los osos, la rivernacion esa que dicen en la tere, pues tu chiquillo lo mismo le pasa, solo que a él cuando no son carnavales. Así que ,déjalo tranquilo ,no lo vuelvas loco con médicos y vera como no le pasa ná".
Mi madre,que por su edad y carácter era un rato aventurera ,decidió probar el remedio popular, que por otra parte era rápido y barato ,y dejarme dormir tranquilo. Cuando me vio despertar nada mas sonaron los primeros compases de una coplilla a finales de febrero, supo que la vieja había acertado, y que nadie sabia mas que la cultura que nace del pueblo llano
Cuando fui un adulto, con catorce carnavales recién cumplidos, empece a interesarme por las mujeres como parte integrante de la juerga y el cachondeo, y me dedique a organizar las mejores fiestas, donde la bebida ,la comida y el sexo, aparte de las coplas que nunca podían faltar , eran su parte principal. Nadie me podía hacer sombra porque las ideas más originales y asombros siempre partían de mí. Tan famoso llegue a hacerme que me entrevistaban los periodistas y la gente hacia colas para entrar en mis fiestas , las mujeres se volvían locas en mi presencia y eran capaces de hacer cualquier cosa para que les cantara o las amara con la pasión que me caracterizaba .En todo ese tiempo solo una se me resistió ;la conocía desde niña porque era vecina de mi barrio "Ruega a Dios María". Todos conocían su historia, igual que todos conocían la mía ,claro que en mi barrio donde una docena y media de familias de la mas humilde cuna, ensartábamos los días para llegar a fin de mes, con la cabeza aupada sobre los hombros, la mirada digna y la espalda cubierta, todos conocíamos la historia de todos. Teníamos la misma edad, porque habíamos nacido el mismo año y el mismo mes, solo que yo le llevaba unos días, porque vi la luz de las carrozas y los plumeros a principios de los carnavales y ella la cera de los cirios y el olor del incienso del miércoles de ceniza.
Desde que la vi, la primera vez ,me gustaron sus ojos de fuego y su labios apretados hacia dentro ,en una mueca de rebeldía interior. Su mirada delataba su frialdad innata, ese frío que te traspasa que cuando tocas un hielo con la yema de los dedos y estos te ardan inmediatamente ,con mas fulgor que si se hubieran hundido en la mas intensa de las candelas. Si la estudiabas fijamente , como a mi me gustaba hacer durante horas , parecía a punto de estallar de puro hielo interior.
Conmigo siempre era fría y reservada, pero un año en que mi madre probó un medicamento para apaciguarme el sueño y que aguanté mas o menos despierto hasta la Semana Santa, la pude ver transformarse frente a un Cristo crucificado de la misma forma que yo me transformaba ante una copa de buen vino, y en ese instante , supe que algo o alguien nos había hecho el uno para el otro. La cortejé incesantemente a través de los carnavales de mi vida, pero siempre me daba puerta ,me insultaba ,me llamaba loco ,juerguista y borracho perdido, pero yo sabia que lo hacia por amor y por eso se lo perdonaba todo, hasta que me escupiera en mas de una ocasión cuando la quise besar al abrigo de la oscuridad de la noche.
En el barrio se decía que esa niña estaba ofrecida a Dios y que su destino era entregar su vida a El, pero en cuanto me enteré, me propuse que esa mujer lo seria gracias a mi, y que una vez conocido el goce de amar, nada la podría apartar de mi lado.
Un día de carnavales en los que siempre se sentía con dolor de cabeza y malestar general, según decía a causa del ruido y el chillerio de la gentuza, la engañe para que me acompañase a una fiesta; allí la amarre a una silla para que no se escapara y le di de beber nuestro mejor vino, pero a ella no le causó el efecto adormecedor y promiscuo que al resto de mi camarilla ,sin contar la infinidad de mujeres que mi cuerpo había iniciado solo por el hecho de haber bebido y comido con frenesí. Por contra, le entró una serenidad de espíritu y una preparación para lo que ella llamo “el sacrificio exigido” que causo que por primera vez en mi vida sintiera frío por dentro y que el gelistrapi de la minina se asustara igual que si hubiera visto un bisturí bien afilado. Yo no la entendía, ni mucho menos podía comprender que rara magia ejercía sobre mi para causarme ese efecto tan devastador , solo sabia que la amaba y que la estaba perdiendo como arena entre los dedos, que se escurría de mi vida como el sol al atardecer. Intente seducirla con gestos bonitos, con palabras complacientes, con comida de los mas exigentes gourmets o detalles gratos que hubieran hecho perder el sentido a cualquier otra mujer, pero parecía ser inmune a todo, repeler todos mis acercamientos seudoamorosos como si tuviese puesta una coraza que la protegiera de mi locura sin limites .Ya desesperado, cuando vi correr por sus pálidas mejillas lagrimas de agua bendita, la solté de mi cautiverio de amor y fiesta continua , para que cabalgase libre por la vida sin lujuria, sin placeres, sin verdad, pero que ella misma había elegido. Solo me miro un segundo , con cara de asco y odio sin limites, para decirme con voz nacida del corazón; "Ya queda menos, pronto llegara el momento de tu expiación final".
Y por segunda vez en mi vida ,se me heló el pantalón como si me hubieran metido en el congelador de cintura para abajo, las piernas se me endurecieron dentro de los perniles, y hasta las uñas se recogieron dentro de la piel de los dedos , buscando que las cobijaran. No la volví a ver hasta que acabaron los carnavales, con su traca final de cohetes ,de muchachas sonrientes, de miles de papelillos volando la danza del viento de levante, y al igual que siempre por aquellas fechas , me invadió la tristeza y la melancolía y ni siquiera el recuerdo de los buenos momentos vividos y la ilusión de repetirlos ,mejorados, el año próximo, podía elevarme la moral.
Mi camarilla de todos los años se me acercó en pleno y pude ver sus caras atiborradas de vino y fiesta, sus ojos reluciendo por la grata comida y las horas sin dormir y reconocí en cada uno de ellos el mismo gusto por el placer de vivir que se recogía en lo mas profundo de mi corazón. Una coplilla de carnaval retozaba al compás de sus roncas gargantas, agotadas de tanto cantar, una y otra vez, las mejores coplas, los mas bellos cuplés o restregar por callejuelas y plazas las notas de sonoros estribillos . Todo ese ambiente produjo en mi el milagro de elevarme hasta un estado de felicidad infinita.
Casi sin darme cuenta, me llevaron acogido en su calidez fraternal hasta un trono hecho de papel y cartón al igual que los muñecos y carrozas de la cabalgata , que en unas pocas horas se descompondría en colores y disfraces en su marcha desigual por callejones y plazuelas, por barrios y peñas, y presidiéndola , me condujeron por toda la ciudad donde la gente ,al reconocerme, gritaban mi nombre y se unían a la comitiva popular.
Cuando ya éramos cientos, nos acercamos hasta mi barrio" ruega a Dios María" , donde se nos unieron vecinos que me conocían desde mi nacimiento, juntos nos acercamos a la bahía de Puerto Tarifado; el sol se ponía en el cielo y todo lo cegaba con su fuego dorado, hasta preñar con su luz lasciva un mar gris azulon como la plata.
Una voz sobresalió entre los cantos implorando un ruego al fogoso cielo: “!elevemos a Baco al nivel de su cielo , igualémoslo al sol! “ Quise ver de quien era aquella voz y aquella idea , tan afines a mi, que parecían salidas de mi garganta y mi mente, y emocionado como nunca lo había estado, vi ante mi, oscura y pálida a Cuaresma, con una sonrisa triunfal, mientras ordenaba a la muchedumbre , ebria de emociones, amarrarme a mi trono y elevarme con el hasta una montaña de barcas viejas , que habían quedado varadas en la playa. Allí arrimaron todo trozo de madera seca que encontraron, las algas secas que arrojaba el mar a los mortales ,y los papelillos de carnaval y serpentinas que volaban por doquier, hasta que se formo un nido frondoso bajo mi regazo real ,que hubiera sido capaz de acoger al mas exigente de los pájaros de carton-piedra.
En ese instante, Cuaresma, altiva como una diosa griega , con su túnica negra y su cara pintada de blanco, se aproximó con una enorme recipiente metálico en la mano .Por el mal olor que desprendía me pareció combustible de navegación.
Rociándome por entero ,con una precisión digna de alabanza, me transportó al mismo cielo de los placeres, porque con la calidez del volátil liquido impregnando mi cuerpo por completo ,me transporté en un viaje maravilloso hasta el útero materno ,llenándome de golpe de todos sus fluidos benéficos. Inmediatamente oí , ya cegado por el liquido abrasador, como chasqueaba en el aire una cerilla, a la que siguió un reconfortante calor que me acogió por completo. Como preparados para tal acontecimiento , todos estallaron en cantos alegres y festivos, que me devolvieron mi fe en el ser humano y en su capacidad para divertirse.
Por mi parte , jamas creí que se pudiera experimentar dicha tan grande: el cuerpo me estallaba en mil remolinos de placer, veía el cálido mar entre maravillosos borrones azulados y olía su aliento salobre confundido con el lacerante olor a madera y carne quemada, mientras me iba haciendo uno con el fuego que me acogía con su voracidad llameante.
Lo único que lamento con toda la fuerza de mis sentidos, es no poder repetir este final de carnaval todos los años, aunque tal vez con la ayuda de los dioses placenteros, pueda volver el año que viene para que al menos una vez al año mi querida Cuaresma goce con mi quema, llorando de puro éxtasis, a pie de mi pira, con las rodillas hincadas en la cálida arena, los brazos elevados volando al son del fuego, crepitando su corazón al ritmo del mío, como lo ha hecho este año, dándome así la satisfacción continuada de saber que al final he conseguido lo que me propuse desde el principio de mi existencia: hacerla conocer lo que es el placer gracias a mi venida a la tierra..
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