miércoles, 09 de julio de 2008

               OJOS DE LLUVIA

 

Muchas historias se han contado bajos los cielos eternos del desierto, bajo la mirada quieta de miles de  estrellas , que ya estaban allí cuando esta tierra era fértil  y  fecunda , cuando los mares y lagos dulces la recorrían de punta a punta  , atravesándola como el filo de una espada de guerra

.De ellas , unas son ciertas ,  y otras ,  fruto de la imaginación de unos hombres , que deben luchar contra la magnitud de los elementos , únicamente , para intentar conservar la vida un día mas.

¿Qué otra cosa podrían hacer aquellos infelices, que se ven obligados a sobrellevar un calor que ni los mismos demonios del infierno cristiano soportarían , y que son capaces de considerarse dichosos por encontrar, cuando la suerte les es grata , un agua hedionda y podrida , que ni el mas infecto de los seres vivos osaría probar.?

Qué cosa mas natural sería que uno de estos hombres , llevados a la desesperación por el calor, la sed , el hambre y el acoso de las alimañas ,  terminara por perder la fe en los hombres, y solo en ese instante, en que ya se encomendaba a la justicia de Alá , en el que confesaba , mentalmente , todas sus culpas y pasados rencores , despojado casi por completo del ultimo aliento de vida , encontrara , la esperanza.

Qué soledad embargaría su corazón de piedra , mientras agonizaba , en su prisión carnal, escondido tras una duna de arena , con los ojos resecos y escocidos por la inigualable fuerza del sol , con la lengua arrastrándole fuera de la boca , en busca de un agua fresca que jamás llegaría a probar.

Su cuerpo , casi desnudo , cubierto de pústulas sangrantes y llagas abiertas a los elementos, estaría presidido por una cúpula mortal de pájaros de mal agüero , que sobrevolarían , casi mecánicamente, su triste estampa, en círculos cada vez mas reducidos, deleitándose,  las malas bestias, anticipadamente, con un convite en el que eran invitados obligados. Quien sino estas alimañas henchidas con la sabiduría que les da la naturaleza ,gritándoles desde su nacimiento que sin ellos era imposible concebir aquella fiesta, aquel ágape que se preparaba en silencio, en honor de aquel moribundo, de aquel desgraciado entre los desgraciados, que se perdió en el lago sin olas de las estrellas del desierto.

Qué diríais ,si aquel hombre, mil veces maldito por su suerte perra, encontrara ,cuando no lo esperara ya, cuando había desesperado de todo y de todos, la hospitalidad, la bendita hospitalidad que todo aquel corazón que se precie de haber sobrevivido al desierto sabe que existe entre aquellos seres ,nobles, que lo pueblan, y que quizá, solo gracias a esas normas que han sobrevivido a generaciones enteras, puedan seguir conservando la vida.

Qué diríais ,si en aquel momento de esperanza, de sosiego después de la tempestad, de absoluta calma ,disfrutando de la comodidad de una lujosa jaima a la que lo conducirían en semiinconsciencia unas manos amigas ,lograra ese infeliz naufrago de la vida ,sobrevivir incluso, al acoso mas cruel del destino, la locura.  Qué pensaríais cuando ,pasados unos días, en los cuales lo atenderían como al príncipe que nunca había sido, deseara agradecer sus múltiples atenciones, y enterándose ,por labios de una criada, de que el señor al que debía su vida ,estaba por llegar a interesarse por su salud, decidiera complacer a todos los miembros del campamento con la narración de una historia en la que intentaría devolverles el gran favor de su vida renacida.

¿Creéis que aquellos pasajeros del desierto, aquellos nómadas de la vida misma, no desearían quizás con mas pasión que un largo trago de agua fresca, un sueño que recordar en las largas noches ,en que el viento aullaba perdido y triste, una historia que sus oídos, sus bocas, sus manos y mentes absorberían como lluvia cálida sobre sus vidas resecas de ilusión?

Tal vez, si estuvierais luchando contra los elementos que Ala ha puesto ,allá en los mares de arenas, para probar el corazón de sus seres mas amados, no os sorprenderías de cómo deseaban aquellos hombres, mujeres y niños oír una historia de labios de un narrador. Tampoco seria de extrañar que en aquel campamento no quedara rincón ni sitio, por pequeño que fuera, que no recibiera la buena nueva de que el huésped se había ofrecido a contar una historia, y así, sin precipitación, pero con ese nerviosismo cauto que se capta en el ambiente cuando un acontecimiento esperado, pero tardío, llega a nuestras vidas  , todos se irían acercando a la jaima donde el huésped reposaba.

Es posible, que desde allí, los criados ,sirviéndose de una alfombre que elevarían entre varios ,transportaran con sumo cuidado al huésped, seguidos de niños y mujeres con expectación ,hasta llegar a la gran jaima de reuniones donde ya lo esperarían los demás convenientemente sentados y quietos

Podría ser que aquella historia comenzara contándose entre los cuchicheos de las criadas que rodearían a su señora, una figura femenina tapada de los pies a la cabeza, solo con una rendija pequeñísima ,libre de ataduras, por la que se podría vislumbrar la hermosura de un par de ojos de azabache.

Las mujeres, que rodeaban a su ama como gallinetas protegiendo a un único polluelo crecido, recordarían a las palomas alrededor de unas migajas de pan ,todas juntas revoloteando, uniéndose y separándose en un baile continuado, sin olvidarnos que ,desde un rincón, una severa mirada de halcón ,procedente de una vieja criada vestida de negro, se clavaría sobre ellas, reprochándoles ,en mortal silencio, la algarabía festiva que formaban. Y cómo, para dar cuenta a los presentes de su poder, con tan solo un rechinar de sus amarillentos dientes, las haría callar de golpe, entre aspavientos de temor por parte de las chicas, sedimento fresco del orden establecido, al cual habrían llegado tras años de obedecer sin rechistar a las ordenes recibidas, años de socavar voluntades a través del poder del superior sobre aquel, que de sobra, se sabe inferior.

Los críos, apiñados como racimo de dátiles, sin separación preestablecida entre el que en el futuro seria el señor y los que emplearían su vida en atender hasta sus últimos deseos, estarían atentos al narrador ,sentados sobre sus piernas, con los ojos inquietos y brillantes, esperando impacientes el momento en que empezara la historia, pues es sabido que no existe oyente mas fervoroso ni entusiasta que el que no sabe cuando podrá volver a escuchar de nuevo otra historia .También estarían allí , en un rincón lateral , alejados de los demás  por un velo invisible ,aquellos criados o esclavos que ejercerían la misión privilegiada de proteger el campamento y a todas las personas y enseres que lo conforman. Pero estos últimos, a pesar de igualar , o incluso sobrepasar , en interés al resto , no abandonarían su posición marcial , ni de vigilancia por mucho que les gustara la historia , pues sabían de cierto ,que la vida les iba en cumplir fielmente ese empeño

Quizás esa historia pudiera empezar narrando como cada una de las criaturas que pueblan los grandes mares de arena , que cubren el desierto , conocen la importancia del agua desde su nacimiento , porque de encontrarla y hacer que dure hasta el infinito , depende su existencia.

En este inicio de la historia se produciría un momento de unión , instantáneo , entre el narrador y los que lo escuchaban , pues todos reirían como de común acuerdo y se complacerían en las palabras escuchadas , ya que las historias en que se reflejaban sus propias ilusiones y penas eran las que mas les gustaban así , el narrador , con su voz elevándose entre las alfombras , las telas , los tapices y los mullidos cojines , intentando competir con el silbar sibilino del desierto, les explicaría como la caravana, una de las mas grandes que se habían visto en muchas lunas, se desplazaba lenta , pero infatigablemente , a través del fino manto de arena que desplazaba el viento ;Los hombres se cubrían los rostros con sus mantos azulados ,imperturbables en sus altos camellos; Las mujeres los seguían con las cabezas bajas , llevando a sus hijos , tras ellas, atados con la fuerza que imprime la maternidad ; Los fardos y el resto del equipaje seria transportado por los esclavos , etíopes en su mayoría , que sufrirían en sus carnes las inclemencias del tiempo , sobreponiéndola como una segunda piel , al dolor siempre presente de su falta de libertad

Bien podrían pensar que Ala había alejado su mirada benefactora de ellos , porque desde hacia mas de seis lunas , allá donde se dirigiesen , fuera al norte o al sur , al este o al oeste , siempre los esperaba agazapado como un asaltante , tras los montículos dorados de arena ,  un viento que una vez iniciado , los envolvía en la locura de su fuerza salvaje , acompañándolos como un alma en pena , en ese camino que comenzaba  a hacerse eterno.

Hacia dos idas que se habían quedado sin agua , y en el desierto ese era demasiado tiempo para que una caravana siguiera adelante su curso como si no hubiera ocurrido nada.

Habían sacado el ultimo tesoro , la ultima porción de agua de vida , ya hedionda y apestando , del buche de los camellos  ,que debieron ser sacrificados durante la tormenta de arena .Gracias a ella , pudieron dar de beber a los mas débiles , a los niños y a los enfermos , aunque pareció , que en esta ocasión ,  el rito de salvar la vida de los hombres a costa de los animales que mas los ayudaban , no era origen de una renovación de vida , como había ocurrido tantas otras veces  ,sino que ahora , flotaba en el aire un temor oculto , un tufo de fatalidad o tal vez , solo un débil presagio que les decía , saliendo desde lo mas profundo de sus huesos , que si pronto no encontraban un pozo lleno , donde extraer el agua que tan ansiosamente necesitaban, estarían perdidos , definitivamente perdidos. El Rachid Hadmed El Bahari , jamás se había perdido en el desierto , era capaz de seguir un rastro sobre las piedras y a través de las mismas estrellas . Siempre había sabido encontrar el destino final de los pozos henchidos de agua , que habían surtido de vida a su familia durante generaciones , como si tuviera los mapas de su posición sobre las arenas , gravado a fuego en su cabeza.

Ahora , se sentía abatido , al estar desorientado por este viento tenaz y traicionero , que le hacia padecer como el hombre mas infeliz de la tierra , con la certeza de estar abocado , si Ala no lo remediaba , a ver morir a su familia de sed , y perder todo aquello  , por lo que sus antepasados había luchado tan duramente , mano a mano con la fatalidad propia del desierto.

Por eso permanecía en silencio  , con la mirada perdida ,  en el horizonte de aquel cielo sin estrellas , abatido por la imposibilidad de descifrar un rumbo cierto , aplastado por este cielo mil veces contemplado con orgullo y pasión por el Rachid , que  ahora lucia desdibujado como a través de un tamiz , a causa de la bruma que formaba la  arena en constante movimiento.

Sus temores eran solo suyos , nadie los escucharía ni los compartiría  , pues el Rachid era el hombre mas callado que hubiera pisado la arena del desierto . Es sabido , que los señores de las arenas , se enorgullecen de ser parcos en palabras y explicar sus sentimientos con acciones , pero el Rachid llevaba estos principios al limite , habiéndose dado el caso de que su propia esposa , tras celebrarse sus esponsales , no volvió a escuchar palabra salida de sus labios ,  mas que para dar una orden seca a los criados o para responder con monosílabos a sus constantes preguntas.

La joven mujer , sintiéndose perdida y asustado por lo que consideraba el desamor de su reciente esposo , ya se disponía a abandonarlo , con la consiguiente deshonra , que ello conllevaría para su familia y ella misma , cuando el Rachid , con solo un gesto entre autoritario y burlón , la condujo a sus aposentos.

Tras esta noche en sus brazos , ninguna duda volvió a anidar en el alma de Rasmira con las quemazones del desamor ; su corazón valiente había luchado por el amor de un hombre noble y salió vencedor. Las arenas del desierto fueron testigos de esta victoria que despojo a la mujer de la coraza que le había robado la vida , sin saberlo ,  provocando , con su nacimiento , la amargura que solo el desamor puede depararnos.

Desde aquel momento , no hubo un instante de silencio entre sus corazones , ni distancia entre sus pensamientos , como dos almas unidas mas allá del tiempo o las palabras ,  el Rachid y su joven esposa Rasmira , se comunicaban como solo sabían hacerlo las criaturas de Ala , con la verdad de sus corazones , dejando hablar su alma inmortal y acallando las inútiles palabras que inventaron los mortales  . Ella ,  aprendió a interpretar cada uno de sus gestos , cada uno de sus múltiples silencios , como el brillo secreto de sus ojos negros , o la dulzura y generosidad ,  que se encerraban en el alma del Rachid.

Por ello , fue ella la única , que después de vagar mas de veinte años , allá donde los conducía la sabiduría del Rachid ,comprendió , al instante , la tortura por la que pasa a su alma ; fue ella la que sintió , como si su propia carne la padeciera , la crueldad que le imponía el destino , al saber interpretar la amargura que desprendían los ojos del Rachid ,  intuyendo el fin desgraciado de todos aquellos que dependían de el. Nadie mas que ella , sabia los pensamientos que aleteaban como cuervos traicioneros en la mente de su esposo , ningún otro comprendería  , viéndolo altivo e imperturbable en su camello , el dolor que podía llevar escondido su corazón.

El Rachid dudaba de todo ; dudaba de su capacidad como jefe , dudaba de haber perdido la sabiduría para leer un rumbo en las estrellas , y dudaba de que ese viento de los infiernos no acabara mas que al llevarse con él el alma de todos los integrantes de la caravana.

En las noches de luna llena , circulaba un rumor entre los muchos esclavos que nacían y morían , dejando su huella , en el rumor constante de vida de las caravanas . Un rumor  se transmitía como la pólvora seca tras serle prendido fuego , de campamento en campamento , de esclavo en esclavo , de viejo a joven , creciendo y fortaleciéndose con la seguridad , de aquello que conoces de bocas de quienes mas temes y respetas . Ese rumor aseguraba que de la sangre de los esclavos vertida a las arenas del desierto , había nacido un vengador , un ser mitad monstruo  , mitad viento y sol , que se complacía en destrozar caravanas completas , con su acoso sin limites , para así suministrarse nuevas almas a las que esclavizar en las entrañas de las arenas calientes

Rasmira sabia que esas historias que el Rachid y ella misma habían oído junto al fuego de niños rozaban ahora , inconscientemente, el pensamiento confuso de todos ,aunque  , afortunadamente , aun nadie las había relacionado con los rumbos perdidos , ni con la infructuosa búsqueda de agua . Pero de seguro , pronto lo harían , alguno de los esclavos o la mirada asustada de las chicas , prendería el fuego que alimenta el terror ,  y entonces , si que estarían perdidos , entonces , si que ni la magia eterna del desierto conseguiría salvarlos de morir tragados por la insaciable voracidad de las arenas calientes , perdidos en su propia locura y desesperación.

Rasmira para prevenir mas que probables incidentes posteriores , tomó la determinación de mostrarse mas fuerte y decidida que nunca , con una entereza que estaba muy lejos de sentir , y así , después de un día agotador , de lucha constante contra el calor ,  la sed y el viento , llegado el frío del atardecer , ordenó una vez mas , igual de fría e inaccesible que en los veinte años pasados , montar el campamento . Esperando al amanecer , que tras las suplicas constantes a la bondad de Ala , Este se compadeciera de ellos y les enviara una aire cargado de lluvia, que borrara para siempre aquella malla tupida de arena ,que los envolvía causándoles lentamente la muerte.

La violencia de ese viento asesino , hacia que los pequeños granos de dorada arena , tantas veces admirados por los habitantes del desierto y acariciados como un tesoro por las manos de sus mujeres , se convirtieran ahora en pequeños proyectiles capaces de dañar a personas y animales ,  causándoles , incluso , la muerte.

A causa de esta maldad personificada en dorada arena , en  el tiempo transcurrido desde que empezó , habían perdido tres camellos  ,  cuatro cabras , además de dos esclavos asustados y extraviados para siempre , por no seguir las sabias indicaciones del Rachid, que obligó a cada uno de los integrantes de la caravana a atarse entre si y a los camellos, para no perderse entre la niebla dorada que escocía los ojos con mas intensidad que el calor del sol y que hubiera sido capaz de tragarse a un ejercito de guerreros con su voracidad insaciable . A mitad de la noche , Rasmira , la esposa del Rachid , aun no había podido conciliar el sueño , escuchando los aullidos fieros del viento , en contraste con la respiración agitada de su esposo , dormido a su costado . Desvelada ,  lo miró durante unos minutos y comprendió, como propio, su dolor al no poder luchar contra unos elementos que siempre habían sido sus aliados y amigos.

Los hombres de las arenas saben ,en el mismo instante de su nacimiento, lo difícil que es la vida para aquellos que tienen que combatir al sol y la falta de agua , pero asimismo ,intuyen, que por ello, solo algunos de entre los miles de seres creados por la bondad de Ala , son sus escogidos para gozar con la maravilla de su obra , admirando la hermosura de una puesta de sol en el desierto o haciéndose los amos de la libertad de andar por donde hombre alguno, jamas ha osado pisar .  Eso lo saben bien los hombres de las arenas , su vida es difícil ,  pero nunca tanto como para perecer tragados por la furia de un viento ,que levantaba miles de granos de arena a su paso , conduciéndolos hasta una muerte segura.

Cuando esta a punto de cabecear ,con el peso de los acontecimientos batiéndose como guerreros furiosos en su cansada cabeza , escucha claramente el llanto de un bebe .  Al principio, piensa que sus sentidos después de la agotadora jornada la traicionan , pero al poner mas cuidado ,repara en que el llanto se repite con fuerza, imponiéndose ,incluso, a la ferocidad del viento

No reconoce en el ,el llanto familiar de ninguno de los niños que forman la caravana le quema como una daga traicionera hundiéndose en su pecho ,  el latido de dolor que siempre la acompaña cuando echa en falta al hijo que tanto deseaba el Rachid . Antes de que pueda volver a pensar en ello , escucha otra vez , el llanto vigoroso, de lo que aseguraría gracias a sus años de comadrona ,  ayudando a traer al mundo a los críos que pueblan su campamento , que es un vigoroso varón , casi recién nacido

.Una vez mas ,sin poderlo evitar , piensa en el hijo tan deseado que Ala no quiso entregarles, al mismo tiempo que se levanta con cuidado para no despertar a su señor . Lentamente , se acerca hasta la salida de la jaima , donde pone especial atención , dirigiendo su oído a la zona donde duermen los esclavos, y con ellos , los niños mas pequeños del campamento. A sabiendas de que, en los últimos meses ,ningún bebe ha venido a llenar con la alegría de su nacimiento, la cotidianeidad de sus vidas.

Al sentir la fuerza del viento contra su cuerpo, se ve envuelta en un mágico hechizo que la conduce mas allá de la seguridad del campamento, donde, nunca en su sano juicio, se hubiera  atrevido a adentrarse en cualesquiera otras circunstancias.

Las arenas, como dotadas de vida propia, celosas por la intrusión de una mujer en su territorio sagrado, le golpean con fiereza el cuerpo y el rostro, negándose a que un extraño se adentre en el territorio que dominan.

Intenta no caer, ni sucumbir a su violencia, confiando ,casi ciegamente, en que la misma fuerza misteriosa que la ha impulsado a salir del campamento ,en plena noche, con la tormenta de arena descargando toda su furia, la protegerá de sufrir daño alguno. Y como escuchando una suplica elevada al cielo con sus callados labios, suena una melodía celestial, el berrido vital del bebe que la llama, implorando su ayuda para seguir atado a la vida.

Resbaló estuvo a punto de dar con sus huesos contra las arenas varias veces, pero en ese mismo momento que ya caía ,unos brazos alados la condujeron ,de nuevo, al camino correcto, que parecía llevarla hasta el sueños por el que tantas veces había implorado a Ala; el hijo que el Rachid tanto había anhelado en sus veinte años de matrimonio. Ese hijo que tanto daño había hecho a su corazón con su falta, el que la había obligado, amando al Rachid mas que a su propia vida ,a entregarle como concubina a su propia sobrina, a la hija de su único hermano, para que tuviera con ella el hijo que sus entrañas secas se negaban a engendrar.

Subió y bajó dunas que se interponían en la meta que se había fijado, hasta llegar, finalmente, a un recóndito lugar que no consiguió reconocer ,a pesar de haber recorrido el desierto miles de veces.

La zona estaba cubierta de ariscas piedras, grises y negras, que se enfrentaban al cielo, desafiándolo en silencio, con sus puntiagudas esquirlas.

Llegando allí, con el cuerpo palpitando por la intensa emoción, el viento acalló su rugido ,la arena volvió a ocupar su lugar en la quietud del suelo, y el cielo ,antes cegado por la tormenta, encendió con su intensa  luminosidad cada una de las estrellas que poblaba su bóveda celestial. La luna redonda y plena , se engalanó con un dorado traje de seda , llevando su luz abajo de esos riscos , descubriendo a los ojos de la mujer, una hondonada mas profunda que el cuerpo de un hombre de pie. Del mismo centro pétreo, emergía la voz alta y vigorosa del bebe que había desvelado su corazón y su pensamiento; el bebe por el que ahora rogaba a la indulgencia y al poder de Ala, para que fuera tan real ,como aquel nuevo cielo plagado de todos los prodigios que el Creador había atesorado en las arenas del desierto.

Fácilmente, podría haberse caído y herir su ya maduro cuerpo ,con las rocas afiladas que custodiaban la hondonada donde lloraba el bebe, también podría haber perdido la vida tropezando y precipitándose al vacío, que ni siquiera la fogosidad de la luna era capaz de deslumbrar. Pero una vez mas, su suerte, su hado mágico, o el destino ese que aguarda a cada mortal en la tierra, la salvó y la hizo llegar con bien al fondo, que ,alabando el nombre de Ala , ahora que lo pisaba y tocaba con sus propias manos ,le parecía aun mas profundo y ciego de lo que en un principio hubiera llegado a pensar.

La oscuridad allí abajo era tan total , que ni un perdido rayo de luna se había atrevido a llegar hasta allí , iluminando el terreno con su luz . Por ello, debió servirse de sus manos, para tocando aquí y allá, descubrir el bulto cálido y carnoso , que escondía el mismo centro de la piedra.

Hasta que salió a la superficie con el cuerpecillo oculto en su pecho  ,  bajo la protección de su túnica , no descubrió que sus manos sangraban abundantemente. Supuso que en la bajada y búsqueda del bebe , sus manos al rozarse con las rocas cortantes ,que defendían aquel escondite pétreo , habían salido heridas sin que su dueña lo hubiera percibido, por estar inmersa en la alegría del hallazgo.

De vuelta al campamento , corriendo y riendo , sintiéndose la mas feliz de la mujeres , no se entretuvo en curarse las heridas , sino que todo su afán estaba puesto en llegar hasta la jaima donde había dejado al Rachid durmiendo y mostrarle al crío que Ala , jamás sordo a las suplicas de sus fieles mas devotos, había tenido por bien enviarle.El Rachid atrapado en las redes de un mal sueño que lo llevaba hasta las mismas puertas de la muerte , se despertó sobresaltado ante los gritos de su esposa .Casi sin  entreabrir los ojos ,ya pudo apreciar la sangre que manchaba la túnica de Rasmira , su cara pálida y el cuerpo tembloroso . Y de un salto , el Señor de las arenas, se puso de pie , pensando que los jinetes de las sombras , los bandidos del desierto ,se habían adueñado del campamento, mientras el dormía.

Rasmina ,reía feliz ,  reía como una loca que hubiera encontrado al fin el sueño de toda una vida , con esa risa profunda ,que sale del   sus brazos acunaba un bulto , pequeño y tembloroso , que atesoraba como el mas preciado de los regalos de los cielos. El Rachid creyó volverse loco , sin entender nada , ni comprender la nueva aptitud de su esposa , cuando en todos sus años de vida juntos siempre había sido tan comedida , tan respetuosa y callada. Ya estaba a punto de zarandearla fuertemente para intentar hacerla entrar ,así ,en razón , cuando escuchó naciendo de todas partes , de cada una de las rendijas que rasgaban la jaima, el silencio. El mas profundo silencio que hombre alguno hubiera escuchado  , invadiéndolo todo , destruyendo la tormenta que lo había perseguido durante días, la que estaba seguro que lo conduciría directamente a la muerte.

Sin dejar de observar a su esposa por el rabillo del ojo, se dirigió al exterior de la jaima para investigar ese prodigio que estaba ocurriendo.  Pudo notar como Rasmina , sonriente y calmada ,l e seguía despacio . Desde la entrada de la jaima ,supo que la grandeza de Ala los acompañaba y se dignaba a mostrarse a ojos mortales con uno de sus muchos prodigios: un cielo plagado de estrellas , con una luna redonda y plena , presidiéndolo , como una reina en su trono . Después de tantas pesadumbres , de estar a las mismas puertas de la locura , apreció aun mas las maravillas con las que el Creador del universo premia a los hombres sumisos recordando la oración aprendida de niño”...Condúcenos al camino recto , camino de aquellos a los que has favorecido , que no son objeto de tu enojo y no son los extraviados...”.Henchido por la gratitud se hincó en el suelo , clavando la frente en una arena , que ahora dormía tranquila, y así calladamente , oró a aquel Dios que tantos dones regalaba a unos humildes siervos , sin notar que a sus espadas su esposa elevaba al bebe sobre su cabeza  ,  ofreciéndoselo al cielo.

La cúpula celeste estaba plagada de estrellas  ,  con nubes blancas de algodón , que desfilaban en comitiva hacia el este ,  llevadas por una suave brisa, cargada de humedad.

El Rachid, cual perro bien entrenado en el arte de seguir un rastro, que nunca descansara en sus deberes cotidianos , cesó por un instante en sus oraciones para elevar la cara al cielo , comprobando con este simple gesto, que sus instintos como perseguidor de agua no habían desaparecido totalmente ,  tragados por la desesperación.  Sin vacilar, fue dando fin a sus oraciones ,  agradeciéndole con ellas ,una vez mas , a Ala  , la dicha de indicarle un sendero cierto hacia el agua que seria su salvación ,  terminando con un susurro las oraciones aprendidas de niño  ;   “El es Dios  .  No hay Dios sino El  .  El conoce lo desconocido y el testimonio  .  El es el Clemente ,  el misericordioso .  El es Dios  .  No hay Dios sino El  .  El es el Rey , el Santísimo ,  el Pacificador  ,  el Creyente ,  el Presente  ,  el poderoso , el Terrible , el Soberbio . !Gloria a Dios!

Tras ello ,  con solo una mirada de poder , ordenó a Rasmira que desmontase el campamento ,  haciéndose cargo ésta  , como venia siendo su cometido en los últimos veinte años ,de ejercer la vigilancia y control ,para que todos y cada uno de los componentes de la caravana realizara la función que le había encomendado el Rachid a su llegada

Ya montado en su camello  ,  erguido y con la mirada vagando de aquí a allá  ,  pudo reparar en cómo su esposa cumplía diligentemente los preparativos que el mismo había ordenado ,con el acelero propio de esa situación, en que el campamento aprecia gozar de vida propia  ,  en que las mujeres se apresuraban en guardar los enseres y el trajín tan conocido de los hombres reuniendo el ganado para la larga marcha  .  Pero asimismo  ,  observó como de la figura esbelta y ceñida de Rasmira emergía una forma extraña  ,  como si su corazón se hubiera engrandecido hasta no caberle dentro del pecho  .  Junto con la visión de esta insólita imagen ,  llegó a su mente, como un rayo en mitad de la tormenta, el mal sueño que padeció durante la noche, en el cual toda la expedición moría  a manos de los jinetes de las sombras, y creyó recordar, como salida de entre las brumas, la silueta de Rasmira riendo alocadamente, mientras de su túnica manaba sangre.

Cogió fuertemente las bridas del camello para dirigirlo hacia donde se encontraba su esposa con la intención de interrogarla ,arrancando así de su mente confusa, lo que no podía ser otra cosa que los velos cegadores que acompañan al despertar desorientado  ,  tras un mal sueño  .  Pero en ese instante, su mano derecha  ,  Yiobar  ,  un beduino adoptado por su abuelo  ;  Un hombre sabio y creyente  ,  que supo sustituir ,a su muerte  ,  el lugar de su padre  ,  en su corazón dolido  ,  sin usurpar  el que le correspondería al Rachid ,como jefe de la tribu  ;  Aquel que lo protegió con su vida de todo mal  ,  le hacia ahora la señal convenida, para indicarle que todos estaban preparados para seguirle, allí donde el tuviera por bien llevarles  .  Este gesto tan familiar  ,  tan repetido en multitud de ocasiones  ,  lo condujo de nuevo a la realidad  ,  haciéndose cargo de la importancia que tenia para todos aquellos que dependían de el  ,  hombres  ,  mujeres ,niños y animales  ,  que su olfato de cazador de lluvias no fallase esta vez ,y que  ,  como jefe de la caravana, los llevara allí donde las nubes de lluvia descargarían su benefactora cosecha ,  otorgándoles ,de este modo, el don de la vida.

Seguir  a las nubes cargadas de agua era un arte para el que se debía nacer  ,  porque solo un olfato privilegiado podía intuir si la nube ,que se balanceaba coqueta sobre sus cabezas, iba cargada de benefactora lluvia ,capaz de saciar su sed y prolongar sus vidas en ese desierto cruel  ,  o por contra, su vientre rastrero ,únicamente, cargaba un polvo amarillento y seco que cegaría sus pulmones , cercenando sus vidas y sus posibilidades de futuro, en una tierra  que no perdonaba los errores

El Rachid sabia ,que aquella nube, redondeada y rebosante ,estaba cargada de un agua pura y cristalina ,que los fecundaría con su caída, ofreciéndoles , los dones que tan celosamente guardaba en su interior . En su persecución, no dudó en recorrer dunas y senderos trazados en la arena por pies invisibles , no escatimó esfuerzos en subir y bajar laderas doradas, en busca del lugar exacto donde esa nube decidiría alumbrar esa agua de vida ,que tanto necesitaban . Ya alli , solo Rasmira, reconoció el lugar como aquel donde había encontrado al bebe  .  Solo ella pudo hacerlo , porque únicamente sus ojos mortales lo habían visto, desde los tiempos en que esas arenas secas , eran ríos cristalinos dotados de vida propia . Tiempos gloriosos ,en que esas rocas filosas y rasgantes ,eran montañas pobladas por animales y plantas tan diversos en formas y colores ,que ni tan siquiera podían llegar a imaginarlos las mentes mas fantasiosas,  .Tiempos felices, en que las laderas y dunas de arena ,eran vergeles del paraíso y mares saturados de existencia.

Solo Ella sabia donde se encontraban , pero no quiso empañar la magia del lugar arrancando una palabra a sus labios, sino que dejó que ese mismo poder creador que a ella la había poseído, llegase hasta el corazón del Rachid, haciéndolo suyo.

Cuando comenzó a caer una fina lluvia sobre sus cabezas ,el Rachid mandó parar la caravana y montar las tiendas , que firmemente sostenidas por sus palos de madera en los que habían tallado incisiones y motivos geométricos contra la mala suerte ,  enfrentarían cualquier peligro  .  Sus techumbres de piel de cabra , habían sido embadurnadas en arcilla oscura para aislar el interior de las extremas temperaturas del exterior , los 70  grados del día , y los dos grados bajo cero de la noche . Cuando estuvieron dispuestas , se fueron sacando de todos los lugares , odres vacíos y resecos , cubas preñadas por el polvo amarillento  ,  y cualquier cacharro por pequeño o insignificante que fuera ,que pudiera albergar en su interior  el agua que tan generosamente manaba del cielo.  Después,  cuando desde la saca mas grande hasta el cubilete mas pequeño estuvieron saciados por la bondad de Ala que los premiaba con su gloria en forma de agua de lluvia  ,  el Rachid levantó sobre su cabeza ambas manos  ,  para permitir benevolentemente que hombres, mujeres y niños ,integrantes de una caravana que le pertenecía por entero  ,  gozaran con el prodigio de sentir sobre sus cuerpos la fecunda lluvia.

Era un placer contemplar como los cuerpos y rostros  ,  antes cubiertos por el polvo y la suciedad ,pasaban a convertirse ,por fin  ,  en humanos  ,  perdiendo gota a gota ,la arcillez borrosa que los cubría.  El polvo  ,  la suciedad y la miseria del largo camino que parecía haberse pegado hasta mas allá de sus almas  ,  quedaban ahora borrados paulatinamente  ,  gracias a la inocencia purificadora del agua.

Los griteríos de los críos , seguidos de los de sus madres  ,  por la alegría de una vida vertida sobre sus cabezas ,  elevaban su jubilo al cielo , que los recibía mandando mas agua con que saciar su sed.

Los animales, cabras, camellos y ovejas ,extendían sus resecas lenguas para no perder ni una sola gota de agua ,y los cachorrillos ,nacidos en la sequedad del desierto , sacudían sus pieles de esa intrusión desconocida hasta ese momento , no sabiendo como sus progenitores , por la sabiduría que da la experiencia , que esa sustancia ,l limpia y sin color , les llevaba directamente al origen de la vida.

Rasmira , con el bebe sobre su pecho ,intentaba ayudar en todos los quehaceres ,igual que había hecho desde que entró a formar parte de la vida del Rachid , pero un grito ,procedente de su seno , se elevó en el cielo con fuerza , haciéndola parar bruscamente.  El bebe , el hijo por el que tanto había suplicado su corazón, lloraba con dolor , debatiéndose con fiereza , intentando liberarse de la cobija en que ella lo había envuelto con tanto amor . Sintiendo ,como solo es capaz de hacerlo una madre , en sus carnes su dolor y su desesperación ,Rasmira lo   mas rápidamente que pudo , mostrando su cuerpo plateado a la frescura de una lluvia cálida, que por momentos iba fortaleciéndose . Bajo este manto de agua , cada vez mas espesa, que emergía del cielo , el recién nacido , abrió unos ojos azules como el cielo del verano y levantó sus pequeñas manos , elevando las palmas hacia arriba  , como en una silenciosa plegaria ,i intentando recoger agua de lluvia con la que mojar sus pequeños y pálidos labios.  

Cuando el crío gritó al cielo , todos cesaron en la actividad que estaban realizando , pues sabían que ningún niño había nacido en los últimos años en la caravana , y no pudieron por menos que asombrarse de que aquel bebe estuviera ,precisamente  ,  en los brazos de Rasmina ,  la mujer que había sido incapaz de concebir un hijo del Rachid.  Tal vez ,su esposo  , como dueño y señor de la vida de todos aquellos que formaban parte de la caravana o el sabio Yiobar ,  siempre tan atento a todo , se hubieran acercado a ella , para informarse del extraño hallazgo de ese bebe  ,  pero antes que nadie tuviera tiempo de hacer un solo movimiento  ,  ya una persona de entre ellos  ,  soltándose de la mano de su madre , se había dirigido ,con paso seguro, hasta donde el bebe continuaba bebiendo agua de lluvia , con la clara intención de descubrir quién era aquel intruso que se colaba de improviso en sus vidas.

Como solo son capaces de hacerlo los niños , con esa naturalidad y tozudez que les son propias , el hijo nacido de la unión del Rachid y Ashia , la sobrina de Rasmira ,  Abu ,  con sus tres años recién cumplidos ,   tiró insistentemente de la túnica de Rasmira hasta que ,ésta, cansada de luchar contra el, llevó al bebe hasta su altura, para que lo viera ,como al parecer era su ferviente deseo.

 Abu, de piel canela oscura, y  ojos profundos y negros como la noche sin luna ,a pesar de su corta edad ,no pudo dejar de admirar los ojos azules del bebe ,y mirando la cara sonriente de Rasmira ,le dijo en tono de confidencia;

-Tiene ojos de lluvia

En la Aqiqah ,celebrada siete días después, al bebe ,se le impuso el nombre de Hadmed , pero ,a pesar de ser ese el nombre musulmán por el que seria llamado en el mundo en el que crecería y se haría un nombre ,para Abu y muchos de los que después contarían su historia a hijos y nietos, siempre seria  conocido como “Ojos de lluvia”.

La vida de la caravana ,aparentemente, siguió su curso normal con la integración del nuevo hijo del Rachid, que fue adoptado con la misma normalidad que años antes lo fuera Yiobar, el beduino que ahora pasado un año del hallazgo de Ojos de lluvia ,y teniendo Abu ya cumplidos los cuatro ,se había convertido en su Marabut ,tutor de gran sabiduría, maestro de gran cultura tanto laica como religiosa.

En ese mismo espacio de tiempo ,el pequeño Abu, ya había recibido su primera lección; Yiobar le había leído la basmala, con las primeras palabras que le fueron reveladas al profeta, iniciándolo así en la devoción a Ala ,su único Dios;..”!Predica en el nombre de tu Señor ,el que te ha creado!....!Predica! El, a su vez, como alumno bien dispuesto e instruido, debería haberlas recitado ante la presencia de su familia que se honraría con ello, felicitándolo y haciéndole variados regalos ,por su inclusión en el reino de los temerosos de Dios.

Pero antes de que Abu, presa del nerviosismo ,al sentir la fuerza de los ojos de águila de su padre clavados en el, pudiera c

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Publicado por anaespinosa123 @ 22:10
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