Siempre quedaban en la esquina que daba a la segunda rotonda, entrando por la avenida de la libertad.
Desde allí ya buscaban sitio, sin juntarse ,sin mirarse ,ni cruzar ,no ya los pasos, sino siquiera los ojos…cada uno por su acera ,cada uno indiferente o despistado ,como les pillara el cuerpo , concentrada ella en la cesta que cargaba en el hombro derecho ,despistado él , con su cigarrillo a medias y el periódico enrollado en el costado
De pronto lo vieron y como siempre sin decirse nada lo supieron, era allí, ese día ,era allí …
Sin dudarlo y cada uno por su lado, con paso ajetreado ella y con paso altivo él ,con la cesta bamboleando y el periódico apretado con fuerza por el costado ,entraron como a tropel en el cajero exterior de la caixa, acristalada y perfecta dependencia ,nacida al amparo del negocio y el interés, estampado el vestido por la propaganda ,que lo cubría por entero ,desde veinte centímetros del suelo ,hasta cuarenta del techo, amparándolos y mostrándolos , al mismo tiempo .
Cerraron la puerta con vehemencia y el aire se heló en sus gargantas como gélido hielo, tanta era la vehemencia del deseo.
Se miraron fijamente ,se besaron y se tocaron por entero ,apretándose uno al otro como un solo cuerpo ,perdiéndose las manos en carnes y pliegues olvidados, en honduras y calas por conquistar ,creados unos y otros para perpetrar delitos de naturaleza viva y usar lenguas ,por mucho tiempo , muertas y no estudiadas.
Tanto calor desprendieron los versos nuca compuestos y los gemidos ahogados ,que la cabina del cajero,.acristalada y dormida ,se ruborizó al verse ,prontamente , cubierta de vaho y escarcha.
Mas antes que nadie se diera cuenta ,la mujer salió tan apresuradamente como había entrado y el hombre la siguió acelerando el paso y separándolo del de ella y mudo testigo de lo ocurrido, quedó , en un lado de la cabina , el periódico arrugado ,desvaído y callado ,después de tanta pasión
No se miran ,cada uno camino de su casa ,no juntan pasos que nacieron sordos y ciegos ,el cesto de mimbre cimbrea y el cigarrillo cuelga, perdida la ilusión y roto el hechizo de la cita
-Ya volviste-le dirá una juvenil voz a la mujer ,a la entrada de su casa
Asentirá ella ,sintiéndose tal vez culpable
-Mamá-seguirá la voz, gritando por encima del cacharreo de la cocina-que ya llegó la abuela
Y al rato ,de nuevo la misma voz , gritará por encima del sonido de la televisión
–Mama que ya llegó el abuelo
-Niña…¿por qué que gritas tanto?,¿no ves que me está contando la abuela lo caro que estaba hoy todo en el mercado y que por eso no ha podido comprar nada?
Entrará el hombre en la cocina , con el cigarrillo medio apagado y la mirará como si no la viera
-¿Cuantas veces le habré dicho a este hombre que no fume mas?-dirá ella
-A esta mujer no hay quien la aguante-dirá él
-¿Ya vais a empezar otra vez?-se quejara la hija, sintiéndoles pelear como si les fuera la vida en ello
Y por la noche , ya todos en su cuarto y la madre acostada al lado del padre ,le confesará en voz baja, que no sabe cómo sus padres han aguantado juntos tantos años,.porque no tienen nada en común y no hacen otra cosa en todo el día mas que pelar y pelear
-¡Joder , pues algo tendrán!-le dirá él , tocándole el culo-que te hicieron a ti, más que guapa
-Tú , siempre pensando en lo mismo-se quejará ella-y sin hacerme el mas mínimo caso-terminará , volviéndose a su lado de la cama
En la habitación de al lado, la que duermen sus padres ,hace mucho que se asentó el silencio , con dos cuerpos quietos, pero no dormidos ,separados a conciencia ,esperando el momento, el día de mañana , en el que recorrerán de nuevo una rotonda y luego otra de la avenida de la libertad ,buscando un sitio donde encontrar de nuevo ,pasión y besos, cuerpos y carnes ,manos y besos ,huellas y labios , y lenguas que no mata el tiempo, sino la costumbre y la rutina …y que ellos hace mucho que decidieron matar la apatía y el desanimo con el reverdecer de instintos, con acallamiento de conciencias que nada dictan y furtivos alojamiento a nuevos sentimientos por disfrutar.