
Keita, el centrocampista del Barcelona, está atravesando la recta final del ramadán, el noveno mes del calendario lunar musulmán en el que los creyentes ayunan y no mantienen relaciones sexuales desde que sale el sol hasta que se pone. Pero Keita sigue el ayuno como puede. Si no puede cumplir porque tiene que jugar un partido de fútbol o les espera doble sesión de entrenamiento, come y lo recupera más adelante. Como sus compañeros de equipo, también musulmanes, Touré o Abidal.En algunos centros, la jornada empieza antes y se hacen pausas para rezar
Ya hay alrededor de un millón de musulmanes en España que celebran el Ramadán sin que se generen mayores conflictos.
La normalidad con la que discurre el Ramadán no significa que no existan conflictos religiosos en España, ni que la apertura de una mezquita haya dejado de provocar rechazo en algunos vecindarios, pero sí que esta época del año, que este año acaba el 30 de septiembre, se ha instalado como una rutina más.
Yusuf Mustafa coincide desde la Unión de Comunidades Islámica de España (UCIDE), en Madrid, que los musulmanes no se encuentran grandes problemas cuando quieren celebrar el Ramadán y que la adaptación del horario laboral depende de la buena voluntad de trabajador y empresario: "En la construcción, por ejemplo, sólo implica que en lugar de parar a la ahora de la comida sigan adelante y se puedan ir antes a casa".
El derecho de flexibilidad queda recogido en el convenio firmado entre el Estado y las comunidades islámicas en 1992 y contempla el cese de la jornada laboral una hora antes de la puesta de sol. También se recomienda que los centros públicos adapten el horario de comida durante el mes de ayuno.
En los colegios, según explican desde la consejería de Educación en Andalucía, no suele ser necesaria esta adaptación porque los niños están exentos de cumplir con el Ramadán, así como las embarazadas, los enfermos o las personas mayores
En las prisiones, por ejemplo, la adaptación es total.
