lunes, 29 de septiembre de 2008


Decenas de madres renuncian cada año a sus hijos en el paritorio de un hospital. La entrega de recién nacidos para la adopción es una decisión difícil y valiente que obedece a una sola razón: "No puedo asumir su cuidado". Y es el contrapunto al hecho más dramático, el abandono en la calle.

Las 69 mujeres que el pasado año tomaron esa determinación en la Comunidad de Madrid, 54 en Cataluña, 43 en Andalucía, 27 en la Comunidad Valenciana y 19 en Castilla y León, según datos facilitados a Efe (un total de 212), son una parte de ellas.

En grandes hospitales, como los madrileños de La Paz y el 12 de Octubre, se entregan cada año en torno a una docena de bebés. Asistentes sociales y personal sanitario prestan el apoyo emocional y psicológico a la madre para intentar que sea lo menos traumático posible.

No existe un perfil determinado porque las situaciones son muy diversas, explica Soledad Pinedo, trabajadora social en el 12 de Octubre.

Las menores de edad que renuncian al dar a luz son muy pocas, sí hay mujeres que tienen otros hijos que ya atienden con dificultades, y en los últimos años ha aumentado el porcentaje de inmigrantes. Un colectivo éste que ha crecido -expone- y es también más vulnerable por los problemas económicos y falta de apoyo familiar.

Llegar al final del embarazo, cuando hay medios para evitarlo, y entregar a un hijo, es duro y conlleva una larga reflexión.

"La mayoría -señala Pinedo- lo tiene decidido porque saben que el niño va a estar bien cuidado, que tendrá unos padres que puedan cubrir sus necesidades, cosa que ellas no van a poder hacer".

La protección de menores es competencia de cada comunidad autónoma y en los casos de renuncia hospitalaria existe un protocolo que garantiza a la madre biológica la confidencialidad de su determinación.

Generalmente, cuando una embarazada lo anuncia a su médico o en el hospital, es informada del proceso según la Ley de Adopción, y también de las alternativas para que pueda quedarse con el niño: ayudas sociales y económicas o una guarda temporal del pequeño hasta que solucione su situación. Si opta por la entrega, se notifica al servicio de adopciones de cada comunidad, que se encarga de seguir el proceso y buscar una familia idónea para acoger al pequeño.

La madre firmará un documento de renuncia y, un mes después, ratificará su voluntad ante el juez. Llegado el parto, si la madre pregunta el sexo del bebé se le dice y puede verlo si quiere, "pero generalmente no lo piden.

Es más difícil hacer esa renuncia una vez que han visto a su hijo", relata Esperanza Martín, enfermera de La Paz.

Entonces el recién nacido es trasladado al servicio de Neonatología y la madre a una habitación individual "para que esté tranquila, no tenga otra mujer al lado con su bebé, no oiga los llantos y reciba el apoyo emocional que necesita", señala.

Renunciar a un bebé "es una decisión muy meditada desde el embarazo. Son mujeres muy valientes por haber llegado hasta el final", afirma Martín. "Aparte de apoyo, respeto y no juzgarlas, lo que se puede hacer es informarlas de todos los recursos que tienen. La ignorancia es tremenda", añade. "Deben saber que pueden dejar el bebé en un hospital, sin reproches, sin juicios, mejor atendido que si lo dejan en una papelera, en un portal o en un parque, expuesto a todos los peligros e inclemencias", insiste Martín.

Este mes de septiembre, cuatro bebés han sido hallados abandonados en Madrid, Castellón, Valencia y Sant Pere Pescador (Girona).

Y son los últimos de una veintena de casos de los que se ha informado este año; recién nacidos dejados a su suerte en los lugares más dispares: un portal, un parque, una iglesia o entre contenedores de basura. Siete de ellos fueron encontrados ya sin vida.

Tags: abandonos, adopciones, servicios sociales, niños, hospitales

Publicado por anaespinosa123 @ 9:52
Comentarios (0)  | Enviar
Comentarios