
Los días de Navidad eran mis favoritos,porque rodeando el árbol estaban esos maravillosos regalos envueltos en celofán o papel multicolor,nuevos y relucientes.
Habría sido capaz de quedarme eternamente allí, pegado a ellos,mirandolos sin tocarlos,disfrutando con su sola visión, pero como en un ritual, cada año, oía, tras de mi, la voz cálida de mi madre diciendome, con cariño;
-¿Pero, qué esperas para abrirlos?
Y despues, los cogía uno a uno, los acariciaba con suavidad, deshacía los lazos, que chisporreteaban entre mis dedos, despojaba el paquete de su envoltorio, con toda la delicadeza que me dejaban mis torpes manos de aquella epoca, hasta que el regalo emergía ante mi y mi madre me miraba y yo mentía sonriendo y haciendo ver que era infinitamente feliz...
Pero no lo era, ahora lo sé, porque solo soy feliz con lo nuevo, con lo que nunca ha sido usado, con la latente virginidad que envuelve lo que nunca ha sido viciado por el contacto con otras manos
Cuando me convertí en hombre fue lo primero que supe, al enfrentarme con una sociedad que tenía muy poco que ofrecerme con sus valores cansinos y su falta de visión
Solo tuve una novia, una joven desvaida y largirucha, con ortodoncia y gafas de carey, que no podia creer que yo la quisiera hasta el punto de no querer mancillar su belleza, pero no era eso, todos lo sabemos, porque lo que yo quería realmente era alargar ese momento deseado lo mas posible, hasta convertirlo en casi eterno, para alcanzar un placer mayor a la hora de la consecucion del objetivo deseado, tras el cual solo había la nada más absoluta
Mi psiquiatra pasaba muchas horas conmigo, muchas en las que yo miraba su impoluto despacho y admiraba sus propiedades estáticas y virgenes, excitándome al pensar en cuándo saldría un solo momento a la salita de al lado y podría respirar cerca de ellas, envolverlas con mis manos y posar mis ágiles dedos entre sus fríos cuerpos de cristal o metal
Pensó que nunca me curaría, un día que me encontró excitado con una de sus esculturas de metal en las manos, creyó que jamás podría entablar una relación normal con ningún semejante, pero se equivocó, porque en su misma consulta,en esa sala de espera donde yo deseaba vehemente que él se perdiera, encontré un alma gemela,una mujer solitaria y madura que no quería entregar su virginidad a ningún precio
-Tengo voto de castidad¿sabe usted?-me confesó, enrojecidos los cachetes por la temprana menopausia
Y mi instinto me dijo que era cierto,que los milagros sucedían para los que estabamos dispuestos a creer en ellos
Y nos casamos y vivimos cada noche como la primera, porque ella era tajante en su castidad y yo disfrutaba con saberla nueva, hasta que su hermana menor se quedó sola y vino a vivir con nosotros...y ese cuerpo joven y desvaido,con gafas de carey y ortodoncia, me hizo recordar a mi primera novia y pasé noches enteras en que ya no me contentaba el cuerpo de vestal caduco de mi mujer, ni sus suplicas para que fuera con ella, porque velaba la entrada de mi cuñada en el baño o en la cocina a media noche, con ese camison de lino curtido por manos de vieja que tapaba todo resquicio a la visión, dandome mayor sensación aun de virginidad y novedad, aumnetando mi dolor y mi excitacion
-Quisiera vuestro permiso porque me voy con la parroquia a Lourdes de peregrinación-nos dijo un día
Y yo vociferé y me enfurecí, porque no creía poder soportar un minuto sin su presencia, pero pasaron no solo los minutos sin ella, sino las horas y los días, porque mi mujer se empeñó en que fuera con ellos
La esperé impaciente a los pies del autobus, la vi bajar y se abrazó a mi mujer con ojos enlagrimados, luego vino a mi y me tendió la mano como siempre, para improvisadamente, abrazarme y besarme en las dos mejillas... y entonces lo supe, porque mi instinto nunca fallaba, ella ya no era objeto de mi devoción, porque habia dejado de interesarme, me lo decían sus mejillas enarboladas , su risa y la soltura de su cuerpo, y del mismo modo que habia causado mi tormento y casi el fin de mi unión con su hermana, soltó de mi sus amarras, sintiéndome de nuevo libre y sereno, para desear solo lo nuevo.
