Cada mañana,que nos acerca al invierno, nos recuerda que somos perecederos, que nuestro ciclo de vida pasa, al igual que las hojas en el calendario.Quizás por eso, cada día que pasa, nos amarremos más a la vida y la deseemos más, la disfrutemos mas y creamos que somos parte del tiempo
Pero no lo somos, no somos mas que minúsculas hormigas en un universo que seguirá millones de años más, despues de que todos hayamos desaparecido, sin mirar atrás, ni importarle lo más mínimo.
Cada mañana, cuando voy camino del colegio de mis hijos o al trabajo, me cruzo con gente que conozco de vista, con gente , que, de tanto verlos día tras día, casi a la misma hora se me hacen familiares y afines
Está el chico moreno y delgado, que abre la cafetería de la esquina, descorriendo bajaras metalicas que chirían lastimosas, bajando sillas y colocando mesas, con precisión suiza de muchas repeticiones obligadas, bostezándole al toldo rojo y negro, con la bayeta colgada del hombro, sin atreverse a caer.
Está la emigrante peruana, madre coraje, que porta a sus hijos, como las valiosas mercancias que son, uno sobre el manillar y otro tras de si, en una anticuada bicicleta
Está la fortísima rusa, que pedalea vigorosamente con una carrito tras de si, completamente cargado, cuesta arriba de una vida que se hace trabajosa y dura, para quien se ve obligado a buscar la mejoría, fuera de su casa y de su país.
Están los padres de amigos de mis hijos, están los vecinos de la calle, está el que pasea el perro y el que pasea a la pareja, como quien lleva una cruz, pero de entre todos ellos tengo un favorito, alguien a quien admiro en silencio, alguien que da muchas esperanza a mi corazón...
Un hombre , ya maduro, con sindrome de Down , que coge en solitario su autobus de AFANAS
Sabeis que la gente con discapacidad, de cualquier tipo, son uno de los pocos santos de mi devoción, pero este hombre, que ya en si es excepcional, porque el Down es una enfermedad que lo primero que lacera es la esperanza de vida, su autonomía, su desparpajo para valerse solo...me han dado tantas esperanzas que cada vez que lo veo, me viene el impulso de darle las gracias
Porque es duro querer a alguien enfermo y verlo desmejorarse y padecer con él día a día, pero aún es más duro, empezar una vida con las esperanzas rotas y aunque sé que lo hacen para el bien de muchos y con la mejor de las voluntades, no creo que sea la compasión, ni el decirte"pobrecito", ni el incitarte a abortar, las mejores muestras de ello, es,en cambio, este hombre y su esperanza, el facilitar los medios para el acceso de la personas con discapcidad fisica o mental, al trabajo, a la educación, a entrar a formar, como parte valiosa que lo son, de nuestra sociedad, lo único que nos hará más grande y con derecho a llamarnos personas

