
Los datos sobre el hambre en 2008 son "excepcionalmente malos, ya que después de cinco o seis años de estabilización, nos acercamos al fantasma de los mil millones", recalcó Longue. Frente a los 3.000 millones de euros que bastarían para curar a los 19 millones de los 55 millones menores de 5 años con desnutrición grave, destacan los 200.000 millones gastados por EEUU para afrontar su crisis inmobiliaria o los 1,95 billones gastados en la guerra de Iraq. El empeoramiento de la situación se debe a la crisis alimentaria mundial, motivada a su vez por la subida de los precios agrícolas, la especulación, el aumento de la demanda asiática (consumen más carne y ello implica un mayor gasto de cereales) y la subida del petróleo. A ello se suma que, pese a la globalización y al mercado libre, muchas materias primas son controlados por una quincena de actores en el mundo, que influyen "en el destino de millones de personas".
La Organización de las Naciones Unidas para la Agricultura y la Alimentación (FAO) insiste en que la dramática ola de bancos al borde del colapso no puede hacer perder de vista que el futuro de un sinfín de personas también está en peligro: "Cientos de millones de pequeños agricultores, pescadores y silvicultores son los más afectados por el cambio climático", advirtió el director responsable de recursos y desarrollo de FAO, Alexander Muller. "Aún no se sabe qué consecuencias tendrá la crisis financiera en la lucha contra la pobreza", añadió. Pero al menos hay una cosa bien clara: "No actuar contra la pobreza cuesta dinero y amenaza con producir la próxima crisis financiera... en el mundo pobre".
