lunes, 03 de noviembre de 2008



La noche se hizo presente en unos pocos minutos , cargada con la pereza que nos regala el invierno , con su largo cuello helado .El ambiente , saturado por la certeza de que se pasaron las fiestas y sucumbimos a las rebajas .Estábamos mitad mohínos ,mitad burlados , y, en cambio ,se podía oler la esperanza
Puede que fuera la promesa de que la primavera ya estaba allí, medio escondida tras el disfraz de carnaval y en cambio tan presenta bajo la tierra en las semillas ,que , expectantes , luchaban por emerger un año mas de la ignorancia…
Puede que fuera por todo ello o solo porque ellos se abrazaban.
Bahía Mar parecía tan falsamente festivo y resplandeciente, como casi siempre ,irreal como todo aquello que nos hastía y confunde, por el cansancio acumulado y el rutinario devenir de los días . La gente se agolpaba por todas partes, enfrascados en su vida ,sin querer conocerse, pasando uno al lado de la vida de los otros, sin verse ,ni tocarse el alma ,más que el cuerpo a empujones
Los jóvenes ,reían y charlaban a gritos ,en sus reuniones de tres o cuatro, chicos, chicas, chicas y chicos, siempre parejos, aunque intenten diferenciarse ,idénticas , por el seguimiento de la moda , ellas . Masticaban la vida como un chicle, engulléndola a grandes sorbos, con las hormonas dando la cara en risas aceleradas y carreras de puro nervio.
Los mayores en cambio ,hacían la compra o eran improvisado transporte de aquellos que aun no disfrutaban de carné ,a los que soltaban en el aparcamiento, sin bajarse del coche, dando marcha atrás para irse rápido, mientras les reñían o advertían, envidiándoles en secreto su suerte ,de estrenar vida a cada rato, con igual soltura que camisa o pantalón
Inesperadamente el cielo se abrió y vertió gotas montaraces de agua ,lluvia fina y contumaz , empeñada en mojarnos a todos indiscriminadamente . Y mientras se plateaba el suelo y la sombra de la luz de las farolas recogía el eco festivo ,todo quedó yermo y solitario, privado de gente que se dispersaba corriendo ,en busca del cine, de sus coches , o de un techo , bajo el que socorrerse
Algunos corrieron hasta el MacDonald y allí, pertrechados tras las enormes cristaleras, no vieron nada, porque no se empeñaron en mirar y solo engulleron vida y tiempo , a la celeridad que les permitía un bocado de cada cual.
Mientras ellos se abrazaban.

Publicado por anaespinosa123 @ 12:08
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