miércoles, 20 de mayo de 2009

ANTES



Cuando la madre de Carmen, con 46 años, se enteró que estaba de nuevo embarazada, después de siete hijos, se desesperó , estuvo días comiendo estropajo seco y saltando desde alturas increíbles, para ver si con la mala comida o los golpes de las caídas, lograba desprenderse de esa carga no buscada, solo logrando, casi, conseguir matarse.
La Pinpina, dejó al niño que parió con más de 40 años, mamando hasta los cuatro, porque de sus nueve embarazos era el único en que se le había retirado la regla, al dar el pecho, y pese a que su marido deseaba llegar a la docena de hijos ,ella, que los paría en su casa, sola e hinchada de dolor, rezaba en silencio, porque éste fuera el último.
No somos las mujeres, brujas, ni malas, sólo somos poseedoras y esclavas de la vida que dispensamos.
No sé cuantos medios se habrán usado, pero sí que siempre se han usado, para intentar no perder esa libertad que tiene el hombre, esa independencia y esa frialdad, no ganadas, que lo hace levantarse de la cama y no mirar atrás, tras haber practicado sexo.
Las mujeres de más de cincuenta, de este país, han deseado manejar su sexualidad y su vida, que, para colmo de males es lo mismo, sin verse sometidas, como los animales, a los dictámenes de la naturaleza
Ahora lo vemos todo muy sencillo, porque existen los medios anticonceptivos completos y efectivos y la gente de mi edad, para abajo, selecciona a los hijos en una cita predesignada dentro de su agenda de trabajo, marcando fechas y meses, tan metódica y fríamente, como si en vez de concebir un hijo, se fueran a comprar una casa
Y es que los tiempos han cambiado a marchas forzadas y si no que se lo digan a aquellas señoras de 80 o 90 que se conservan la mar de bien y que parieron a varios hijos, se educaron y salieron adelante ,de verdad no sé bien cómo, pero apretando dientes, levantando barbilla y dejando todos los sueños aparcados, seguro.
Entonces no tenían la libertad de elegir la maternidad, sino que venía condicionada por la naturaleza y la potestad del padre o del marido, más bien a medias.
Han pasado lustros y se podría-falsamente- pensar que ya está todo superado, que, desde la liberación femenina, los métodos anticonceptivos están al alcance de cualquiera, y que para qué hace falta, por ejemplo, llevar a pie de calle, la píldora del día después….
Y en verdad que no harían falta si la educación fuera una asignatura obligatoria en todas las casas, si la libertad se aplicase por decreto y las elecciones fueran medidas y sopesadas con total madurez, pero siempre que exista una chica muy joven, esperando turno para abortar, mientras su madre, sin mirarla y con la cara contraída, reza a su lado un silencioso un rosario, sin parar, como sociedad, todos, habremos fallado.
Mientras no consigamos que niñas menores de14 años, dejen de jugar a las casitas con cabestros de 20, peleando la danza del cuerpo a cuerpo en la frondosidad de un parque lleno de columpios, seremos una pura aberración como pueblo.
Hay que educar en libertad y saber claramente las consecuencias de lo que se está haciendo, porque- dejémonos de tonterías- en cualquiera de los casos solo las mujeres pagaremos los platos rotos, siempre hemos sido las victimas y siempre han sido nuestras lagrimas las que han mojado el suelo patrio. Nuestros ovarios no son moneda de cambio de modas, ni políticas, no lo son de dictámenes, ni de normas, solo son parte de nuestro cuerpo y nuestro futuro, el fruto de nuestro esfuerzo y la lacra de ser mujer, en un mundo aún no terminado de sociabilizar para nosotras; ciertamente, también, la limitación que nos frena en nuestra carrera, el desarrollo no querido de un sexo que en el lado masculino es secreto y consentido socialmente y algunas veces, solo algunas maravillosas veces ,el origen de una vida que nos da grata felicidad y plenitud completa.

Publicado por anaespinosa123 @ 7:18
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