
por José Joaquín Rodríguez Moreno
De tarde en tarde aparece un genio que descubre, anda tú por donde, que El Señor de los Anillos tiene ramalazos machistas. ¡Menudo descubrimiento! Estamos hablando de un libro que fue escrito por un hombre de mediana edad tras la Segunda Guerra Mundial, en un contexto en el que la mujer estaba mucho más discriminada que ahora… ¿qué esperaban, la versión fantástica del Segundo sexo de Simone de Beauvoir?
No obstante, aunque las mujeres en Tolkien parezcan tener muy poca importancia (no olvidemos que la historia es en gran medida protagonizada por hombres) tienen sus momentos estelares, como la lucha de Eowyn contra el Rey Brujo en los Campos de Pelennor, que muestra una mujer poderosa y aguerrida que nada tiene que ver con el canon de la época.
Más preocupante que el hecho de que una obra de hace seis décadas de poco protagonismo a la mujer, es el que las ficciones actuales muestren mujeres a mansalva, pero siempre con una moralina que acaba condenando al ostracismo a aquellas que son libres y sexualmente activas, y ensalzan a las que se someten a su hombre y aguantan sus deseos hasta después del matrimonio.
Un claro ejemplo son las Crónicas de la Dragonlance, escritas al alimón por Margaret Weis y Tracy Hickman a comienzos de los años 80. Una obra amena, que ha disfrutado de numerosas reediciones a lo largo del último cuarto de siglo, y cuyo mensaje parece haber pasado inadvertido por sus numerosos fans e incluso por sus más fervientes detractores.
Obviamente, lo primero que un aficionado puede pensar es que eso es imposible, pues en la obra aparecen numerosas mujeres poderosas. Y es que muchas veces olvidamos que el número de mujeres que aparezcan no es sinónimo de feminismo (por esa regla de tres, las películas pornográficas de Rocco Sifredi deberían de ser un ejemplo de feminismo, pues aparecen muchas más mujeres que hombres), y que los personajes son igualitarios o no acorde a los roles que desempeñen, no al poder que acumulen en sus manos.
Veamos primero los papeles que desempeñan los personajes masculinos en este clásico fantástico:
* Los hombres son, por lo general, poderosos y aguerridos: el valiente semielfo Tanis, el enano Flint, el caballero Sturm, el guerrero Caramon o el bárbaro Riverwind. Incluso villanos como Lord Verminaard son tremendamente astutos y poderosos.
* Hay hombres menos poderosos, como pudieran ser el enfermizo Raistlin o el senil Fizban, pero ambos son magos de increíble poder que han estudiado infinidad de hechizos y conjuros. Es decir, aunque físicamente no son poderosos, sus mentes resultan disciplinadas y brillantes, lo que les ha convertido en grandes hechiceros.
* Queda un personaje entremedio que es útil, pero no resulta varonil ni inteligente, aunque sí astuto. Hablamos de Tasslehoff el kender (la forma libre de copyright de decir hobbit, para que nos entendamos), al que continuamente se compara con un niño.
¿Y los personajes femeninos?:
* Los hay débiles como Tika, que de tabernera pasa a seguir a su amado Caramon por donde haga falta, y está en la aventura simplemente porque su futuro esposo también los está.
* Las hay poderosas pero mimadas e insoportables, como Laurana, indómita princesa elfa que no deja de ser una niña de papá a la que un hombre habrá de enseñar modales; aunque llega a liderar los ejércitos que salvan al mundo, lo hace simplemente por amor a Tanis el semielfo, y a punto está de provocar una hecatombe debido a sus sentimientos, que la dominan en ciertos momentos.
* Otras combinan poder y bondad como Goldmoon, que puede curar cualquier herida, pero ella misma reconoce que no sabe cómo (es decir, no media conocimiento ni inteligencia alguna en el hecho de la sanación), pues son los dioses quienes curan a través de ella; está tan indefensa que Riverwind, su hombre, siempre la debe vigilar y proteger.
* El poder corrompe, pero no lo hace igual en hombres que en mujeres. Si a Raistlin lo seduce su deseo de conocimiento, a la temible guerra Kitiara, de gran iniciativa e independencia, la pierde su ansia mundana de poder. La sexualidad de Kitiara es salvaje y desenfrenada, lo que muestra su corrupción, pero cuando Tanis el semielfo se deje llevar por ese mismo desenfreno acabará encontrando (si bien no inmediatamente) la comprensión de sus compañeros: tampoco el sexo prematrimonial es igual en un género que en otro.
* Incluso hay diosas, ¡pero ay!, mientras el Dios del Bien es masculino y piadoso Paladin, la Diosa de la Oscuridad es una figura de maldad femenina pura, cuyos poderes parten de su su condición divina (nuevamente el poder no nace del estudio ni la inteligencia).
En resumidas cuentas, los hombres juegan el papel de guerreros y sabios; por el contrario, aunque las mujeres llegan a ser (excepcionalmente) guerreras, sus sentimientos y debilidades las hacen menos fiables, y las mujeres sabias que dominen la magia no aparecen. Sí resultan ser compañeras fieles, niñas mimadas y cuidadoras. Las poderosas son libres e independientes, pero deben cargar con el peso de ser malvadas y terroríficas, por lo que al final se quedan solas, nadie las quienes y son derrotadas.
¿Que las Crónicas tienen valores positivos como la amistad o la lealtad? Indiscutible. ¿Que gustan a pesar de todo lo dicho? Por supuesto, el discurso que tienen está asumido en la sociedad, sería raro que los lectores lo encontrasen chirriante. ¿Que los autores no lo hicieron a posta? Pues claro, fueron influidos por su época y su contexto (uno de ellos, justamente, fue misionero evangélico), pero eso no quita que el mensaje esté lanzado.
Seguimos a la espera de una literatura fantástica que sea algo más que una fantasía masculina.
